¡Del Pilla pilla, la Biofilia y otros menesteres

Depresión infantil, ansiedad, obesidad, hiperactividad… Todas estas enfermedades están asociadas de forma directa al Déficit de Naturaleza. ¿Hace cuánto que no sales a pasear por el campo?

Aún recuerdo cuando jugaba al pilla pilla. Esas imágenes están a la vuelta de la esquina de mi memoria. El quema, la goma, la comba… Cuando había lluvia de estrellas todos los niños del barrio cogíamos nuestros sacos de dormir y pasábamos la noche a la intemperie. Horas y horas hablando… ¡Las estrellas eran lo de menos! Y llegaron los primeros videojuegos. Eran de gráficos sencillos. Con un palito y un punto podías pasar horas muertas intentando echar un partido de tenis. Pero, en realidad, había poco tiempo para dedicarle porque sonaba el timbre: “¿Te bajas a jugar?”. No había ni que pensarlo.
Hoy las cosas son diferentes. Han cambiado en tan sólo un salto generacional. Aún así, yo no creo que ningún padre piense que es mejor pasarse la tarde jugando a la PlayStation que al pilla pilla con otros niños. Entonces… ¿qué ha pasado?

Déficit de naturaleza y Biofilia

El periodista americano Richard Louv, entrevistó durante 10 años a más de 3.000 niños y padres de familias rurales y urbanas. Agrupando sus conclusiones escribió el libro “El último niño en los bosques”. En sus páginas asegura que hemos ido sufriendo un distanciamiento paulatino de la naturaleza y que en la última década la cantidad de niños que participan en actividades al aire libre, se ha reducido a la mitad. Las consecuencias de ese alejamiento de la naturaleza son alarmantes: entorpece el desarrollo cognitivo, causa depresión infantil, ansiedad, hiperactividad, obesidad y falta de curiosidad por el entorno. Es lo que ha pasado a llamarse el “Déficit de Naturaleza”.

Y no son pocas las voces que se alzan en esta corriente. Edward O. Wilson, biólogo, y Erich Fromm, psicoanalista, han dado vida al término “Biofilia”. Significa: pasión por todo lo viviente. Supone la afiliación emocional innata de los seres humanos hacia otros organismos vivos. O lo que es lo mismo, pensar que los humanos evolucionamos desde ambientes naturales ricos en biodiversidad y aún hoy, sentimos la afinidad y la necesidad de esos ambientes.

Naturaleza y bienestar

Pero ¿es eso cierto? ¿Realmente necesitamos a la naturaleza para vivir? En consonancia con las conclusiones de Louv, José Antonio Corraliza y Silvia Collado, profesores de la Universidad Autónoma de Madrid, han realizado un estudio en cuatro colegios de Cuenca. Cada cual más o menos cercano a la naturaleza. Por sus encuestas han pasado 172 niños y niñas. Los datos son claros. Y también las conclusiones: el contacto directo y habitual con la naturaleza influye positivamente en el bienestar de los niños y les capacita para afrontar mejor las situaciones adversas a las que se ven expuestos. De igual forma, consigue amortiguar el efecto negativo del estrés al que puedan verse sometidos en el día a día.

En plano terrenal… Hablamos de alimentar la creatividad, de generar destrezas de convivencia, de conocer ampliamente el entorno natural, de aprender a respetar el medioambiente, de relacionarnos con otro medio que no sea el urbano, e, incluso, de evitar enfermedades. ¿No deberíamos plantearnos un retorno a lo natural? ¿No deberíamos elegir el Pilla pilla antes que ver la televisión?