Se puede ser solidario a través del propio trabajo

Las campañas solidarias proliferan en las grandes empresas. Es la responsabilidad social corporativa que proporciona prestigio y aceptación social, pero que además es muy necesaria. Sin embargo, cada vez más personas de forma individual se comprometen a ayudar con lo primero que tienen a su alcance, incluso el trabajo que desempeñan con su profesión.

Los valientes que a título personal y a través de su propio trabajo se comprometen con causas solidarias de la más diversa índole, son un ejemplo de que todos podemos ayudar y poner nuestro pequeño granito de arena para mejorar el mundo. Aunque es cierto que hay profesiones como la medicina que llevan implícito el compromiso de ayuda a los demás, no es algo exclusivo de ese tipo de vocaciones. Así, otras ocupaciones tan dispares como ser arquitecto, escritor, músico o experto tecnológico pueden servir para ayudar a los demás.

Ejemplos de solidaridad con el trabajo

No sólo los médicos tienen esa vocación de ayuda implícita en su profesión, en general los profesionales de la sanidad tienen ese compromiso solidario intrínseco. Fruto de ese sentimiento son multitud de proyectos solidarios relacionados con la salud. Así, oftalmólogos, optometristas, enfermeras, anestesistas, técnicos en electromedicina, etc. colaboran con El Proyecto Oftalmológico en Turkana pues si estar ciego en este mundo es difícil, en Turkana (África) es una verdadera tragedia, y trabajan para evitarlo.

También allí donde hace falta es donde brinda su ayuda el arquitecto japonés Shigeru Ban, que en 2014 recibió el prestigioso premio Pritzker y es conocido como el Premio Nobel de la arquitectura. Ban es autor de una arquitectura humanitaria y sostenible que ha puesto al servicio de causas solidarias. Le llaman el arquitecto de los pobres y ha hecho casas y tiendas de papel, tubos de cartón y materiales reciclables, en Turquía, India y Fukushima, para los afectados por los terremotos de Haití y de Kobe y para los campos de refugiados de la ONU en Ruanda.

Sin embargo, no hace falta ser un arquitecto de afamado prestigio profesional a nivel mundial ni irse fuera de las fronteras del propio país, basta con ser una persona comprometida con el trabajo y con la sociedad, como le ocurre a la periodista Melisa Tuya. Ha escrito su primera novela de ficción, Galatea, un trabajo con el que hará disfrutar a sus lectores y además ayudará con la mitad de los beneficios que recaude que van «destinados a los perros y gatos abandonados de la Asociación Nacional de Amigos de los Animales, la protectora en la que adopté a mi perra. No es que me sobre el dinero, tengo hipoteca y dos hijos, uno de ellos con discapacidad, pero tengo la suerte de trabajar y tener un sueldo todos los meses y me siento más cómoda repartiendo el dinero extra que pueda recibir. Ya lo hice así con los 10.000 euros del premio al Ingenio en Internet que me dieron en el Congreso de Periodismo Digital hace cinco años.»

Al igual que la escritura, el arte de la música además de deleitar a los oyentes también se compromete con causas solidarias de todo tipo. Tienen la posibilidad de ser solidarios tanto artistas consagrados y popularmente conocidos como cantautores cuya fama es más reducida. Basta con hacer una búsqueda en Google de  las palabras clave “concierto benéfico” o “concierto solidario” para encontrar a un montón de músicos dispuestos a ayudar con las notas de sus canciones.

Y en la era de la digitalización y de las tecnologías, no podía faltar un ejemplo de ayuda desde este tipo de profesiones. Así, Enrique Dans, experto en tecnología, colabora como asesor de ThinkBit. Una asociación sin ánimo de lucro fundada por jóvenes estudiantes de último año de ingeniería, dedicada a llevar educación basada en hardware y software abiertos a zonas desfavorecidas de la Comunidad de Madrid, para evitar la brecha digital y la exclusión social.

Y tú ¿Has pensado cómo puedes ayudar con tu trabajo?