No me tires, reutilízame

Útiles, prácticas, resistentes…estás son algunas bondades de las bolsas de plástico. Surgieron durante 1957 en Estados Unidos y servían para guardar y transportar pan, bocadillos, frutas y verduras. Fue a mediados de 1970 cuando se abarató su proceso de fabricación, lo que permitió que muchas tiendas y supermercados las diesen de manera gratuita a sus clientes. Su popularidad nos ha hecho olvidar que este objeto aparentemente inofensivo no lo es tanto.

Son muchas las campañas que intentan sensibilizar al consumidor sobre los daños que las bolsas de plástico pueden causar al medio ambiente. Contienen un material llamado resina de polietileno, un producto derivado del petróleo. Dada su composición, su degradación es lenta, llegando en algunos casos a perdurar 500 años hasta degradarse.  Cerca del 10% del total de los plásticos en el mundo terminan en los océanos. El 70% de los mismos yacen en el fondo del mar. Según los datos del estudio “La nueva economía de los plásticos” en el 2050 habrá más plástico que peces en el océano.

La Unión Europea aprobó en diciembre del 2014 una norma para reducir la media de consumo de bolsas de plástico por persona. Un europeo consume de media 198 bolsas al año. La idea es que para el 2020 el promedio sea de 90 bolsas al año  y para el 2026, solo 40.

En Fundación Melior hemos puesto en marcha una iniciativa para reutilizar las bolsas de plástico, que de otra manera acabarían en la basura o tiradas en cualquier otro lugar. Por eso en nuestras librerías solidarias, cuando compres algún libro,  podrás utilizar estas bolsas y tomar conciencia de la importancia de usarlas todas las veces que sea posible. En tus manos está reducir, reciclar y reutilizar.