Los retos del turismo frente al cambio climático

Entre el año 1971 y 2005, la emisión mundial de CO2 derivada del consumo de combustible aumentó alrededor de un 90%. ¿Hasta qué punto es el sector turístico responsable de este incremento? ¿Somos conscientes realmente de las repercusiones climáticas de nuestros viajes?

El pasado 4 de junio se celebró el Día Mundial del Turismo Responsable en el centro de Turismo Colón de Madrid. El objetivo fundamental de esta jornada: promover y defender los valores de un turismo respetuoso con el medio ambiente, las personas y las culturas. Sin olvidar las relaciones y consecuencias que el cambio climático tiene sobre el turismo.

Emisiones de CO2

El sector turístico depende del factor movilidad, coches, autobuses, aviones etc. Se estima que el turismo contribuye en un 5% a las emisiones de CO2 a la atmósfera, principalmente por el transporte.

La Organización Munidal del Turismo advierte que las emisiones de CO2 que produce la actividad turística pueden aumentar un 152 por ciento de aquí al 2035, debido sobre todo a los desplazamientos internacionales. Además calcula que esos desplazamientos se duplicarán en los próximos 15 años hasta llegar a 1.600 millones de viajeros en 2020.

Pablo Barrenechea, de CeroCo2-ECODES, fue uno de los ponentes en la jornada de turismo responsable del pasado 4 de junio. Durante su exposición mencionó los datos de la OMT que hacen referencia a la máxima eficiencia tecnológica que se puede obtener de los medios de transporte, alojamiento y actividades, las cuales repercutirán positivamente en la reducción hasta un 36% de las emisiones de CO2 hasta 2035.

Según sus palabras: “la reducción del consumo de energía favorecerá a los destinos más cercanos, incentivará el transporte colectivo y aumentará la duración de las estancias tal y como propone el turismo responsable”.

La Antártida y las Islas Galápagos

Javier Benayas, profesor de ecología de la Universidad Autónoma de Madrid, con su ponencia “Huellas del carbono, turismo y espacios naturales protegidos de interés mundial” destacó dos destinos turísticos que sufren las consecuencias negativas del turismo: la Antártida y las Islas Galápagos.

En el caso de la Antártida desde 1996 existe un crecimiento de las visitas lo que ha dado lugar a un deterioro de las condiciones ambientales. La emisión de CO2 por pasajero alcanza valores de entre 5,44 y 9,34 toneladas, lo que triplica el CO2 total generado por un español en todo un año. De ahí que se hayan tomado medidas legales para reducir el impacto ambiental. Por ejemplo, se prohíbe que barcos que utilicen fuel pesado naveguen por aguas de la Antártida, para evitar accidentes como el del Explorer de bandera Liberiana que naufragó en 2007.

El exceso de turistas es la otra gran amenaza que se cierne sobre las Islas Galápagos. Hace unos 30 años llegaban a sus costas unos 20.000 visitantes al año, mientras que ahora son 180.000. Estas islas son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2007. El 97% de su superficie está protegida pero debido al aumento de la actividad turística se encuentra en peligro.

Según palabras de Jesús Blázquez, Co-fundador del Centro Español de Turismo Responsable: “El objetivo final es que la industria, los profesionales y los turistas asumamos nuestro papel activo y la capacidad de cambio de nuestras decisiones personales como consumidores de viajes. La duda ahora es saber a qué ritmo estamos cocinando el planeta, y si podremos retirarlo del fuego antes de que se queme”.

Cada uno de nosotros puede ser un “buen viajero” tal y como se establece en el Vademécum del Turista Responsable. ¿De qué manera? Prestando atención al mundo y a las personas que lo rodean.