La energía nuclear vuelve a la carga

Un prestigioso científico alemán asegura que el planeta está mucho más indefenso ante la energía nuclear de lo que se estimaba hace algunos años. Según él, desastres como Fukushima pueden arrasar regiones del mundo cada 10 ó 20 años.

Convivir con la certeza de que mañana se puede producir un nuevo desastre nuclear es una opción vital cada vez más razonable. Al menos eso piensa un científico alemán llamado Jos Lelieveld, director del instituto Max Planck de Química de su país. Lelieveld ha presentado recientemente un estudio sobre energía nuclear. Como conclusión expone una hipótesis terrible. Según él dice, y tal y como informaba tras su publicación el diario El País, existen muchas más probabilidades de las que nos pensábamos de que se produzcan desastres nucleares como el histórico Chernóbil o el reciente Fukushima. Escalofriante.

El miedo japonés

En Japón viven con esa certeza. Hace apenas 48 horas 10.000 personas se estaban manifestando en Tokio alrededor del parlamento. Fukushima no se les va de la cabeza. Y así, miles y miles de ciudadanos, todas las semanas, desde que en junio su primer ministro, Yoshihiko Noda, anunció que reactivará dos reactores nucleares de un total de 50 con que cuenta el país.

«Después del desastre de Fukushima estoy firmemente convencido de que es arrogante creer que podemos controlar la energía nuclear con nuestra tecnología», dijo durante la concentración a la agencia AFP Hiroshi Sakurai, un manifestante de 65 años que jamás se había manifestado por nada.

El trabajo del científico alemán tiene, en el fondo, la misma filosofía que Sakurai: la única forma de reducir los riesgos es apagar los reactores. Lelieveld se ha basado para demostrarlo en el poder contaminador del Cesio-137 (un producto de la fusión del uranio) y en el total de horas de servicio de todos y cada uno de los reactores nucleares civiles. Éstos son los que se utilizan para producir la electricidad que utilizamos en casa y la que necesita la industria desde que en 1951 se construyera el primer reactor nuclear.

El riesgo es mayor en Europa

Según el Organismo Internacional de Energía Atómica de Naciones Unidas (OIEA), en 2011 estaban operativos 442 reactores civiles, distribuidos en 29 países. La OIEA sitúa el número de reactores en construcción cerca de las seis decenas. Como en tantas otras cuestiones, Estados Unidos va en cabeza, habiendo rebasado ya la línea de los 100.

Pues bien, los cálculos de Jos Lelieveld sitúan la cadencia de catástrofe nuclear entre 10 y 20 años de intervalo. Algo desconcertante para quien confía ciegamente en las bondades de la energía nuclear y, sin embargo, nada nuevo para quienes llevan bien la cuenta de los accidentes que se han producido a lo largo de la historia. En realidad, desde que el 12 de diciembre de 1952 tuviera lugar el primer incidente serio (en una planta de Ottawa, en Canadá) el ritmo ha sido incesante. Tan solo cinco años después una explosión en los Montes Urales causó 200 muertos y contaminó 90 kilómetros cuadrados. El peor después de Chernobil.

Dice Lelieveld, literalmente, que hoy es Europa Occidental quien corre el mayor riesgo de contaminación radioactiva del mundo. En esta región del planeta, en la que operan muchos reactores, el gran desastre puede llegar cada medio siglo y afectar a 28 millones de personas. Ello se debe, asegura, a que sólo una ínfima parte del material contaminante se deposita en las inmediaciones del accidente (50 kilómetros a la redonda) mientras que el resto puede llegar incluso a atravesar 2.000 kilómetros.

Quizás en Europa tenga que suceder como en Japón en marzo de 2011 o como en Chernóbil en el 86 para que el miedo se haga presente y, con él, una verdadera movilización ciudadana. Porque, ¿qué otra cosa sino movilizarse puede hacer quien no quiera en su vida energía nuclear?