El silencioso monopolio de las comercializadoras de cereales

Aunque parezca increíble, cuatro multinacionales desconocidas para la mayoría de la sociedad controlan el mercado de cereales a escala mundial. Son tan poderosas que hasta los Gobiernos se rinden a sus mandatos. El más perjudicado, sin duda, el agricultor de los países pobres.

Es probable que sus nombres no te suenen absolutamente de nada. Sin embargo, las cuatro compañías que vamos a citar a continuación son las más importantes comercializadoras de materias primas del planeta. Se llaman Archer Daniels MidlandBungeCargill Louis Dreyfus, y para ellas se han creado unas siglas colectivas: ABCD. Las dos primeras cotizan en bolsa. Las otras dos son todavía negocios familiares. Casi nadie las conoce.

Estos cuatro gigantes de la economía mundial, algunos con más de 150 años de historia, son los protagonistas de un informe de investigación recientemente publicado por la confederación internacional Oxfam. El título lo dice todo: El lado oscuro del comercio mundial de cereales.

Un sistema defectuoso

Tal y como explica el director ejecutivo de la organización Oxfam, Jeremy Hobbs, uno de los objetivos de este trabajo es ayudar a “arreglar el defectuoso sistema que hace que cerca de mil millones de personas se acuesten hambrientas cada noche”.
Pero, ¿qué tienen que ver esas cuatro multinacionales con todo eso? ¿A qué se refieren con eso de “lado oscuro de los cereales”?  Entenderlo, al menos superficialmente, es bastante sencillo. El conjunto ABCD controla el 90% del mercado de los cereales y ese monopolio ha provocado que la cosa vaya mucho más allá. En efecto, el poderoso cuarteto comercializa productos agrícolas. Pero también posee tierras, ganado, maquinaria, transportes, se relaciona con los bancos y, por si esto fuera poco, ha diversificado también su capacidad de producción.
Lo más curioso del asunto es que, según dice el informe Oxfam, con demasiada frecuencia estas firmas “resultan invisibles en los debates sobre políticas que afectan a productores y consumidores, y son muy cuidadosas en cuanto a dónde y cuándo se involucran en el debate político, evitando el protagonismo”. No les preocupa la imagen que de su marca tenga la sociedad puesto que la sociedad no sabe ni siquiera quiénes son. No tienen por qué ser políticamente correctas.

Demasiado poder

En definitiva, es el exceso de poder de las compañías ABCD lo que se está denunciando en este informe. Son, sin duda alguna, corporaciones privadas que ejercen una enorme influencia en los gobiernos de las naciones (llegan incluso a colocar a algunos de sus antiguos empleados en puestos decisivos de dichos gobiernos). Además, como al margen de ellas existen tan pocas empresas que adquieran materias primas agrícolas a granel y que se dediquen a la comercialización, ellas mismas establecen los precios de compra.

¿Las consecuencias directas? Que los pequeños agricultores y los países menos favorecidos se ven continuamente afectados por los intereses fluctuantes de los gigantes comercializadores.

En busca de soluciones, distintas ONG y gobiernos afectados reclaman que se instaure “una regulación más estricta” que afecte a las ABCD, pero no sólo a ellas. Sophia Murphy consultora independiente y asesora en el Institute for Agriculture and Trade Policy de Minnesota, es coautora del informe y una de esas personas que no cesan de repetirlo. Lástima que no se les escuche.