Apuesta por el consumo local y sostenible

Nuestros barrios y ciudades están cada vez más apagados. Los pequeños comercios desaparecen, las asociaciones de vecinos cierran, los centros sociales se apagan y solo proliferan cadenas, franquicias y grandes hipermercados. Pero ante el caos solo hay una solución: activismo y apoyo mutuo. Los barrios despiertan, generan redes de producción y consumo y poco a poco vuelven a reactivar la herida economía local.


Cuando das un paseo por barrios y ciudades de nuestro país, es fácil comprobar como el número de grandes supermercados, franquicias y multinacionales crece sin descanso, en detrimento del pequeño comercio, que palidece, muere. La situación empeora cuando te fijas en el número de personas que entra a unos y otros negocios. El pequeño comercio está herido de gravedad. Y lo estamos rematando nosotros, por culpa de nuestra irresponsabilidad y nuestra falta de conciencia social. Igual que ocurre con las asociaciones de vecinos y los centros sociales, que parecen diluirse con el conformismo ciudadano, la desidia y la inactividad. Por eso, en muchos barrios, pueblos y ciudades se está empezando a dar respuesta. “Hace un par de años nos dimos cuenta de que si no ayudábamos a nuestros vecinos y vecinas, el barrio acabaría por desaparecer o por convertirse en una especie de ciudad-dormitorio desierta”, explica Luis, que forma parte de una red de consumo del barrio de Villaverde en Madrid. El objetivo de estas redes activistas es contactar a pequeños productores y a consumidores concienciados para hacer frente al caos reinante.

¿Pero qué es el consumo consciente? La gran mayoría de las personas elige los productos que consume en función al precio. Sin embargo, cada vez somos más quienes nos preocupamos también de otros factores, como su impacto ambiental y social, y la conducta de las cooperativas, empresas o personas que lo elaboran. El consumo responsable implica desarrollar una conciencia crítica sobre el papel de las personas consumidoras. Un consumo consciente y responsable es un instrumento de presión frente al mercado capitalista y una contribución al desarrollo humano sostenible. El consumo consciente y responsable se construye mediante la unión de tres ejes: consumo ético y crítico, consumo ecológico y consumo solidario.

Redes de prosumidores

¿Has probado a hacer cosas por ti mismo? En el barrio de Carabanchel en Madrid ha surgido una interesante red de prosumidores, es decir, de productores y consumidores que intercambian productos y servicios entre sí. Es el Nodo de Carabanchel, un grupo de personas y colectivos que fabrican, elaboran, ofrecen y reparan todo tipo de productos y servicios: desde bicicletas a cerveza, pasando por pizzas, conservas e incluso hidromiel, la bebida alcohólica previa a la cerveza y que se bebe desde hace 4.000 años. A su vez, este pequeño núcleo se ha adentrado en redes más grandes de prosumidores, contactando con pequeños artesanos del barrio o cooperativas de consumo agroecológico.

Gracias a estas asociaciones, cada semana los vecinos y vecinas de Carabanchel que participan en este interesante proyecto pueden adquirir pan, queso, verduras, cerveza, vino, infusiones, alimentación vegana variada, garbanzos, lentejas, conservas varias y hasta comida precocinada, elaborada por gente del barrio o por productores de cercanía. Es decir, se ha creado una red de consumo local impulsada por el esfuerzo colaborativo para construir economías basadas en productos del barrio o de la comarca. Este consumo sostenible, además de apostar por la calidad de los alimentos, ayuda a mejorar la economía de los pequeños productores locales y, a su vez, abarata el precio del producto al reducir gastos de transporte y distribución.

Facilitando el trabajo

Uno de los principales problemas con los que se encuentran estos grupos de consumo local donde entran productos tan variados es la manera de centralizar los pedidos. Pero eso ya no es problema. Hace unos años, naciókarakolas.org, una aplicación de software libre que facilita la gestión de los grupos de consumo y su coordinación con otros grupos. El programa está pensado para una gestión sencilla de los pedidos individuales y colectivos e incorpora algunas herramientas que mejoran cuestiones logísticas, como el transporte compartido entre grupos de consumo. Esta herramienta web facilita mucho el trabajo, pues cuando se crea un grupo de producción y consumo son los propios productores quienes suben sus productos y abren los pedidos durante los días que se haya acordado. Después, una vez cerrado este pedido conjunto, se concreta un día de reparto. Incluso se puede llevar la tesorería del grupo desde la propia aplicación.

Monedas sociales

¿Y se paga en euros? Pues a veces sí y a veces no. Por ejemplo, en el Nodo de Carabanchel, así como en otros muchos grupos, los productores permiten el pago con ‘canicas’. Esta moneda social virtual no reconoce al euro como un sistema legítimo de intercambio y su último fin es alcanzar la propiedad colectiva de los medios de producción y los productos fruto de ese trabajo. Para poder entrar a participar en la Red de Colectivos Autogestionados que funciona en canicas hay que ser prosumidor, es decir, no vale con querer consumir productos de esta red, sino que es necesario ofrecer también algo a cambio. En el momento en que te dan de alta ofreces un producto o servicio. Una vez hecho esto, ya puedes empezar a ‘endeudarte’ con la moneda. Es decir, no necesitas dar euros para poder adquirir canicas, pues funciona como un trueque.

Por ejemplo, yo puedo ofrecer pan a la red y antes de vender ninguno ya puedo adquirir miel, tomates o el alquiler de una furgoneta para hacer una mudanza. Por eso, lo normal es que al empezar a usar la herramienta te endeudes para después ir recuperando ‘canicas’ en el momento en que el servicio o producto que ofreces empieza a ser requerido por el resto de usuarios y usuarias del grupo. Y en esta gran red que acepta canicas hay desde bares a cooperativas de diseño gráfico.

Muy reconfortante

Más allá de la sostenibilidad, la acción política y el apoyo mutuo que se esconde en este tipo de redes de producción y consumo, no podemos olvidar la satisfacción personal que despierta participar en este tipo de grupos. Primero porque mejoras considerablemente tu alimentación, pero, sobre todo, porque las relaciones que se crean son muy fructíferas. Con este tipo de acciones, creas barrio, creas pulmón y vida. Y luchas contra el capitalismo salvaje que está convirtiendo nuestras calles en verdaderos páramos, donde decenas de locales aparecen cerrados a cal y canto.