Cómo cambiar el mundo

Acabo de terminar mi primer curso en Coursera, la plataforma de educación virtual gratuita nacida en octubre de 2011 y desarrollada por profesores de la Universidad de Stanford. Coursera ofrece cursos de nivel universitario en formato MOOC (Massive Online Open Course). Es decir, cursos masivos (dirigidos a un número ilimitado de estudiantes), en línea y abiertos (los materiales están accesibles de forma gratuita en internet). 

Mi curso, organizado por la Wesleyan University de Connecticut (EE.UU.), tenía por título «Cómo cambiar el mundo». Nos hemos matriculado más de 60.000 alumnos y ha durado seis semanas. El temario cubría los grandes retos de nuestro tiempo y las diversas fórmulas para hacerles frente. Estos son algunos de los temas que hemos analizado durante el curso: los bienes comunes y su protección, pobreza extrema, desarrollo humano, cambio climático, sostenibilidad, salud, educación, situación de la mujer en el mundo, activismo, cambio social, etc.
En el curso han participado expertos de diferentes universidades e instituciones que ofrecían su visión y experiencia a través de lecturas recomendadas y videoconferencias. Los alumnos, además, podíamos debatir entre nosotros y con los profesores en diferentes foros. Cada uno de los temas analizados se abordaba desde tres enfoques: 1) cuales son los hechos o el «estado de la cuestión»; 2) por qué debería importarnos y 3) qué podemos hacer al respecto.
Dada la magnitud de las materias tratadas y la corta duración del curso, es evidente que algunos temas se han quedado en el tintero. También es cierto que no existen soluciones mágicas para los grandes retos globales, y que las estrategias para combatirlos pueden ser muy distintas y hasta contrapuestas. Pero los expertos sí parecen estar de acuerdo en que las siguientes cuestiones, todas ellas analizadas durante el curso, son clave para avanzar hacia un mundo mejor, más justo y sostenible:
1.- Para que los cambios se produzcan es necesario el consenso social, es decir, que una mayoría de individuos los apoye. Solo así se han producido avances como la abolición de la esclavitud o el sufragio femenino. De ahí la importancia de informar y sensibilizar a la gente para generar conciencia social. Una vez alcanzado el consenso podremos obtener recursos (dinero) y diseñar pautas de intervención (políticas) para acometer los cambios.
2.- Debemos reabrir el debate moral con respecto a la injusticia social y la creciente desigualdad. Nos hemos insensibilizado frente a la pobreza extrema, que ya no parece preocuparnos. Hemos olvidado que la dignidad humana está por encima de los derechos de propiedad. Denunciemos la miseria en la que viven -malviven-  mil millones de personas. Y hagámoslo con la misma pasión con la que debatimos sobre el aborto, porque es una situación inmoral, indecente e inaceptable.
3.- La educación es el arma más eficaz para romper el círculo vicioso de la pobreza e impulsar el desarrollo humano. La educación mejora radicalmente la salud de la población, genera crecimiento económico, fomenta la protección del medio ambiente y evita desigualdades. Pero, sobre todo, permite a la gente desarrollar sus capacidades y aumentar la calidad de sus vidas.
4.- El 77% de las personas que viven en la pobreza son mujeres, fenómeno que se conoce como la feminización de la pobreza. Los programas de desarrollo deben ser inclusivos y no dejar al margen a mujeres y jóvenes. Debemos luchar contra la desigualdad y eliminar las barreras sociales, económicas y culturales que se imponen a las mujeres.
5.- El debate entre partidarios y detractores de la ayuda internacional al desarrollo es estéril. Las ideologías deben dejarse a un lado. Todo el mundo necesita ayuda para levantarse y progresar. Si Europa necesitó un Plan Marshall para su reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, ¿cómo podemos olvidar a los que mueren de hambre en pleno siglo XXI? Eso sí, los programas de ayuda deben supervisarse con rigor y transparencia (para evitar la corrupción) y diseñarse desde un punto de vista técnico (por ejemplo, para evitar dependencias indeseables).
6.- La creciente desigualdad en el mundo es uno de los problemas más acuciantes. La brecha entre ricos y pobres se ensancha tanto en países ricos, en los que crece el llamado «cuarto mundo», como en naciones pobres. En los países en desarrollo, éste beneficia solo a unos pocos pero no al conjunto de la población. Los efectos de la desigualdad son múltiples. Por ejemplo, en países desarrollados, a mayor desigualdad disminuyen la esperanza de vida y los índices de alfabetización, movilidad social, bienestar infantil o confianza. Y aumentan la violencia, los homicidios, la población reclusa, la mortalidad infantil, los embarazos entre adolescentes, las enfermedades mentales, la obesidad, el alcoholismo y las drogodependencias. Esta presentación del profesor Richard Wilkinson es sorprendente y reveladora.
7.- Los bienes comunes (recursos naturales, mares, ríos, aire, biodiversidad, conocimiento científico, etc.) deben ser protegidos y regulados mediante normas internacionales. El sistema de producción y consumo imperante es insostenible, hemos topado con los límites físicos del planeta. Por ello debemos limitar la actividad humana mediante una coerción autoimpuesta, desde nuestra libertad y responsabilidad. Debemos cambiar nuestra relación con el planeta y dejar de verlo como un conjunto de recursos por explotar. La naturaleza no es algo que debamos controlar y dominar, sino que formamos parte de ella. Solo si desarrollamos un sentimiento de pertenencia  podremos respetarla -respetarnos a nosotros mismos- y hacer las paces con el planeta.
8.- Los humanos estamos acostumbrados a pensar a corto plazo, y así lo demuestran numerosos estudios. Por eso no damos importancia a cuestiones como el cambio climático o los movimientos migratorios derivados de la pobreza, cuyos efectos no percibimos de forma inmediata. Además, lo que hacemos (o dejamos de hacer) en el presente condiciona la vida de las generaciones venideras. Debemos, por tanto, levantar la cabeza y mirar más lejos, pensando en el futuro a largo plazo y la justicia intergeneracional.
9.- Debemos abordar los diversos retos en su conjunto, de forma coordinada. Según el físico Fritjof Capra, investigador de la teoría de los sistemas “si estudiamos los principales retos de nuestro tiempo, veremos que no pueden entenderse aisladamente, son problemas sistémicos, lo que significa que están interconectados y son interdependientes”. Así, pobreza, política, economía y ecología son ámbitos íntimamente entrelazados, y cuando se actúa sobre uno de ellos los demás también se ven afectados (positiva o negativamente). Por otra parte, ¿es ético preocuparse por los bosques del Amazonas pero no de los 3,1 millones de niños que mueren de hambre al año?
Para terminar, desde estas líneas doy las gracias a los organizadores porque, con todas las limitaciones que un curso con este título pueda tener, ha cumplido con creces su objetivo: aportar ideas, generar debate, conectar a gente que quiere cambiar el statu quo y, en definitiva, contribuir a la construcción de un mundo mejor.