Vivir no es una enfermedad, no a la vida medicalizada

Los expertos aseguran que un tercio de los medicamentos que se consumen son innecesarios y hasta pueden provocar daños en la salud. La OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) ha puesto en marcha la campaña «Que no medicalicen tu vida» para concienciar a la población sobre el uso excesivo de los fármacos.

La medicalización es la tendencia creciente a convertir situaciones que han sido siempre normales en cuadros patológicos y pretender resolverlas, mediante la medicina.

La definición sobre salud que la OMS hace en 1946, no ayuda, pues considera la salud de forma utópica y subjetiva como algo más que la ausencia de enfermedad y la eleva al estado de bienestar absoluto. Esta visión contribuye a la incorporación al ámbito médico de otras situaciones y problemas, en principio ajenos al mismo.

Medicalizamos nuestra vida porque nos venden salud

La medicalización es un proceso continuo que se retroalimenta y crece de forma constante, gracias a la pérdida de la capacidad de resolución y tolerancia al sufrimiento y el malestar de la sociedad. Su origen es multifactorial, existen diversas causas y actores implicados (sociedad, medios de comunicación, industria farmacéutica, políticos, gestores y profesionales sanitarios), aunque el sector sanitario juega un papel fundamental en dicho proceso.

Blanca Pérez Pineda, médico de atención primaria, entiende que el proceso de medicalización  «Se puede resumir como fruto de la “vida moderna», si por ello entendemos que los mensajes que recibimos a diario en los medios de comunicación se traducen en que los avances farmacológicos, tecnológicos, médicos, etc, nos «garantizan» la salud».

Los médicos recetan para “curarse en salud”

El derecho a la salud está convirtiéndose en un peligroso objeto de consumo. En los medios de comunicación se publicitan todo tipo de enfermedades y remedios a cargo de las empresas farmaceúticas.

Los profesionales sanitarios son, a la vez, actores y víctimas en el proceso de medicalización. Los médicos tienen miedo a posibles reclamaciones y ante cualquier proceso piden pruebas, analíticas completisimas, radiografías innecesarias, exploraciones y visitas repetidas con el objeto de protegerse. Este es uno de los problemas que actualmente contribuyen a colapsar las consultas de atención primaria y urgencias, lo que perjudica la atención de alta calidad, incrementa el gasto innecesario en sanidad y llega a frustrar a los médicos.

Medicamentos para todo

Tenemos fármacos para todo: Prozac para la depresión, Lorazepam para el estrés, Aurix contra la fobia social, Serotax contra la timidez, melatonina para la juventud y el sueño, Atorvastatina para el colesterol, Viagra para la impotencia, Tamiflu, con apenas eficacia para la gripe y un largo etcétera de medicamentos, de los que el 30% que se consumen son innecesarios.

Un dolor de espalda, alguna dificultad para conciliar el sueño, el cansancio, la frustración, la tristeza, el desamor, el envejecimiento, la calvicie o la fealdad están siendo consideradas como enfermedades y, en muchas ocasiones, sometidas a tratamiento farmacológico o incluso quirúrgico.

El doctor Juan Gérvas, médico general perteneciente al Equipo CESCA, asociación científica sin ánimo de lucro de investigación en atención primaria, explica que en la evaluación de hasta 3.000 intervenciones médicas, se constató que el 65% no tenían fundamento científico y por lo tanto eran innecesarias.

Ni las propias etapas de la vida escapan a esta propensión a medicalizar, y así se tiende a someter a riguroso control médico el embarazo, el nacimiento, la adolescencia, la menopausia, y hasta casi respirar.

Como contrapunto surgen asociaciones como El Parto es Nuestro que luchan por normalizar situaciones naturales como es el dar a luz y acabar con la medicalización del parto o el trato de “enfermas” que en ocasiones se les dispensa a las embarazadas. Por no hablar del aumento del número de cesáreas en España y de las programadas a la carta, algo frecuente entre celebrities que por desgracia no predican con el buen ejemplo y son muchas veces punto de referencia para otras mujeres.

Alimentos que también son medicamentos

A la industria farmacéutica se une la alimentaria, pues alimentación y salud siempre han ido muy de la mano. En la última década ha empezado a producir alimentos con propiedades curativas, como los yogures que bajan el colesterol o productos enriquecidos con omega 3, calcio o cualquier otro aditivo de moda para “supuestamente” mejorar la salud.

Salud y alimentación con la que se comercia desde que somos bebés. Como ocurrió con la polémica suscitada a causa la publicidad de un producto sustitutivo de la lactancia materna de una conocidísima marca del sector alimentario en la revista médica Anales de Pediatría de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Acción por la cual el 60% de los miembros del Comité de Lactancia Materna perteneciente a la misma asociación decidió dimitir de su cargo, pues la AEP violó el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna.

La enfermedad es un gran negocio

La enfermedad es un gran negocio. Así de claro lo dejó el consejero delegado de la farmacéutica alemana Bayer, Marijn Dekkers, en un foro de la industria farmacéutica. En un lapsus de sinceridad, Dekkers afirmó que no fabrican medicamentos para indios sino para los pacientes occidentales que pueden permitírselo.

Ante todo este panorama, la OCU apoya el Manifiesto contra el comercio de enfermedades (versión en español pdf). Si tú tampoco quieres que comercien con tu salud y que medicalicen tu vida; no quieres sentirte enfermo cuando no lo estás y estás harto de que todo se arregle con pastillas, apoya con tu firma la campaña internacional contra el comercio de enfermedades.