Violada, vendida y silenciada: así es la vida de la mujer nigeriana

La situación de la mujer en Nigeria es dramática. El poder de la religión y del grupo terrorista islámico del Boko Haram ha complicado todavía más su compleja situación. No tienen derecho a hablar ni a vestirse como quieran ni pueden siquiera viajar solas. Dependen siempre de un hombre. Ahora, con la irrupción del terrorismo, son violadas, esclavizadas, vendidas e incluso usadas como arma en los atentados. Así lo narra la periodista Chika Oduah, que llegó a Nigeria hace tres años, desde Estados Unidos, buscando sus raíces e impulsada por su vocación periodística.

“La educación occidental es pecado”. Así es como más o menos se traduce al castellano ‘boko haram’, el vocablo hausa tras el que se esconde uno de los grupos terroristas radicales más peligrosos de Nigeria, aunque también con presencia en Camerún, Chad y Níger. Hace unos días, la Casa Encendida de Madrid acogió la conferencia de Chika Oduah, una de las pocas periodistas nigerianas que se ha atrevido a realizar reportajes sobre el terreno en el noroeste del país, zona tomada por el grupo terrorista, aliado de Al Qaeda y Daesh. Fue también una de las primeras personas en llegar a Chibok, la aldea donde el 14 de abril de 2014, este grupo de terroristas islámicos secuestró a 276 niñas estudiantes, todavía hoy desaparecidas.

Y es que la situación de las mujeres en Nigeria es realmente delicada. Miles de mujeres son captadas año tras año bajo engaño. Se les promete una vida de riquezas en Europa, pero cuando llegan son forzadas a prostituirse para pagar la deuda contraída en Nigeria. “Las mujeres de mi país somos fuertes, alegres y atrevidas, pero vivimos secuestradas en un país patriarcal”, explica Obuah. “Los padres, los curas, los jefes, los hermanos y los maridos deciden todo sobre la vida de la mujer: cuando se casan, dónde, con quién, cuándo tienen que ser madre, qué pueden comer y qué no, qué amigos pueden tener, qué ropa tienen que vestir y hasta cuándo pueden viajar para visitar a sus familiares”, añade la periodista nigeriana. “No pueden tomar ninguna decisión sin consultar previamente al hombre que las somete”. De hecho, en Nigeria existen todavía tradiciones tan aberrantes como que las viudas tienen que demostrar que no mataron a su marido. Para ello, son obligadas a lavar el cadáver y a beberse el agua tras el lavado. También han de dormir con el muerto varios días. Si rechazan estas prácticas, son acusadas de asesinato.

Violaciones y bodas forzadas

Las violaciones son sistemáticas en el país subsahariano. La violencia en el seno de la pareja también. Y los agresores no asumen ningún tipo de culpa. Las niñas son obligadas desde hace siglos a casarse con hombres mucho más mayores, y en la memoria colectiva del país quedan todavía casos como el de una joven de 14 años que envenenó a su marido y a tres de sus amigos tras haber sido víctima de un matrimonio forzoso en 2014. Los cuatro murieron y la niña fue condenada a muerte, aunque, su abogada, consiguió hace unos meses su liberación. No es un caso aislado. Chika asegura que este mismo año fue noticia en el país el casamiento obligado de una niña de 8 años con un hombre de 40. Y según datos de diversas ONG, el 43% de las chicas se casan antes de los 18 años. El 17%, antes de los 15.

“Pero casi todos estos casos se da en el norte, donde viven la mayoría de musulmanes. En el sur, donde están los cristianos son muy esporádicos”, asegura. Y los datos le dan la razón: el 76% de estos casamientos con niñas se dan en la región noroeste de Nigeria, mientras que menos del 10% se concentran en la parte sur. Todo esto se debe a que la constitución nigeriana no establece una edad mínima para casarse. La Declaración de los Derechos del Niño, aprobada en 2003, establece la edad mínima para el matrimonio en los 18 años. Sin embargo, solo 23 de los 36 estados de Nigeria han aplicado alguna medida.

Si la situación ya de por sí era difícil para las mujeres, con la irrupción de Boko Haram en el norte, ha empeorado de manera exponencial. Este grupo islámico está presente en el país desde el año 2002. “En un principio, eran jóvenes que luchaban para acabar con la corrupción política en el país”, explica Obuah. Y es que Nigeria es un país rico. Tanto que es la economía más grande y potente de África, gracias a sus yacimientos petrolíferos. Su producto interior bruto ya supera al de Sudáfrica, si bien alrededor de 100 millones de nigerianos viven con menos de un dólar al día. Entonces, Boko Haram nació con el objetivo de cuidar y ayudar a estos pobres.

Pero pronto empezaron a hablar también de la “corrupción espiritual”. De cómo Occidente estaba pervirtiendo los valores islámicos. Se obligó a las mujeres a taparse y se les privó de toda libertad, pero seguían teniendo apoyo porque sus medios eran pacíficos. Hasta que en 2009, declararon la guerra al Gobierno de Nigeria. Desde entonces han matado a más de 10.000 personas y 1,5 millones de nigerianos han sido desplazados de su tierra.

Trata de mujeres y poder de la Iglesia

Con el aumento de la violencia por parte del Boko Haram, comenzaron las violaciones sistemáticas y el secuestro de niñas que venden a las tratas de personas que las traen a Europa para vivir de la prostitución. “Buscan chicas pobres, hablan con su padre y le aseguran que la van a llevar a Europa para que pueda estudiar o para que sea modelo, pero no es así. Se convierten en prostitutas forzadas y ellas, por el miedo a la deshonra o a que dañen a su familia, no se atreven a contarlo”, relata Chika Obuah. “Además, las atemorizan con rituales  y profecías, asegurándoles que si no hacen lo que sus chulos dicen asesinarán a su familia y les robarán el alma”. Muchas otras niñas, se cree que también las 200 niñas secuestradas en Chibok, acaban como esclavas en el Magreb, pues todavía existe un mercado ilegal de venta de esclavas en todo el norte de África. Los secuestros no cesan. Boko Haram usa a las niñas para ganar dinero, pero también como espías e incluso como armas humanas.

Y las mujeres que se quedan en la zona controlada por el grupo se convierten en esclavas sexuales de los terroristas, para procrear. Sin embargo, y aunque pueda parecer extraño, el apoyo a Boko Haram no merma excesivamente, aunque es cierto que poco a poco la población empieza a darse cuenta. Les han bombardeado, les han robado el ganado, han secuestrado y violado a sus hijas… pero cuesta oponerse a ese grupo religioso. Porque, no cabe duda de que la religión –tanto musulmana como cristiana- es el problema de fondo de esta sociedad. La iglesia tiene tanto poder que los sacerdotes pueden robar todo lo que deseen a sus fieles sin que sean culpados por ello. “Los ciudadanos ponen su vida en manos de los pastores religiosos, tanto cristianos como musulmanes, les piden permiso para todo y se desprenden de todo lo que el pastor les diga. El pastor ordena y la gente obedece. Tanto poder se les da, que los pastores son multimillonarios”, reconoce Chika.

“Gran parte de la población sigue pensando que los blancos nos van a cambiar, por eso se abrazan al Boko Haram y a la religión radical aunque sepan que eso tampoco les hace bien. Muchas mujeres no se dan cuenta de estar atrapadas en ese mundo, están confundidas”, explica Chika. “Están haciendo lo que siempre han hecho, obedecer, ¿por qué va a ser malo?”, se pregunta. Pero reconoce que la causa de la situación de la mujer “es la religión, pero no se cuestiona”. La religión y el miedo. Porque la sociedad vive atemorizada. “Especialmente, porque el gobierno no hace nada, se mantiene totalmente al margen de los conflictos existentes. Su único objetivo es enriquecerse gracias a los recursos naturales del país”, afirma la periodista.

El feminismo no funciona. O al menos, eso reconoce Chika, que sí ha conocido estos movimientos en Estados Unidos, donde ha vivido casi toda su vida. “En los años 80, hubo algunos grupos como Women in Nigeria, pero ya han desaparecido. El feminismo choca con la tradición cultural, no funciona”. Ella ni siquiera puede hablar con su acento americano, para no ser acusada de espía. Aun así, la han intentado asesinar varias veces. Pero reconoce que algo hay que hacer ante Boko Haram y el poder de la religión. Las mujeres no tienen nada que decir porque no les dejan hablar. No tienen palabra, no tienen identidad ni derecho alguno. “Los terroristas las violan hasta seis veces diarias porque saben que eso las destruye, las hace dependientes. Te hunden, te aíslan y no te permiten salir de ese círculo de opresión, violencia y odio”. Mientras tanto, Europa sigue alimentándose de ese petróleo y mirando para otro lado. También España, que ya tiene en Nigeria a su mejor socio suministrador de crudo.