Se cumplen 10 años de la tragedia del Prestige

El próximo 19 de noviembre se cumplen 10 años de la mayor catástrofe medioambiental que ha sufrido Galicia: el hundimiento del “Prestige”. La catástrofe no solo tuvo consecuencias ambientales, sino también económicas y sociales, difíciles de cuantificar. Pero, ¿Hemos aprendido algo en todo este tiempo?

El 13 de noviembre de 2002  el “Prestige” un petrolero del tamaño de dos campos de fútbol y cargado con más de 77.000 toneladas de fuel sufre una fisura en uno de sus tanques como consecuencia del temporal que golpeaba la costa gallega por aquel entonces. Ese día comienza la crónica de una muerte anunciada. Ya que tras seis días de navegación sin rumbo, el 19 de noviembre, el buque se parte en dos desencadenando una enorme tragedia ecológica.

Según afirma Teo Oberhuber, responsable de Ecologistas en Acción se “trató de un accidente, pero decisiones políticas agravaron la catástrofe”. Desde un primer momento la mayor preocupación fue alejar el barco de la costa, pero tal y como explica Oberhuber “cuanto más lejos fuera el vertido, a más costa afecta”.

Caos y desinformación

La gestión pública de la catástrofe ha sido muy criticada. La descoordinación política fue absoluta y  la credibilidad del Gobierno fue cuestionada. Según el informe de Greenpeace La injusticia del Prestige, la gestión del siniestro fue una de las causas de la catástrofe ambiental. No previeron algunas cosas y en otras, las previsiones fueron completamente negligentes.

Algunos políticos entre los que se encontraba Mariano Rajoy, Vicepresidente del Gobierno en aquel momento, restaron importancia a la tragedia. Su comentario: “lo del Prestige son hilitos de plastilina” se volvió en su contra,  ya que a los pocos días una marea negra cubrió las playas gallegas. Y no solo eso. El vertido terminaría anegando kilómetros de costas españolas, llegando incluso a las de Francia y Portugal.

Ecologistas en Acción advierten que lo que pasó con el “Prestige” puede volver a repetirse, ya que en estos diez años transcurridos no se ha aprendido ninguna lección.

Esta ONG ha iniciado una campaña: «Yo acuso» con el objetivo de sentar en el banquillo a los responsables políticos durante la catástrofe del «Prestige» que han salido impunes. También han creado en Facebook  el evento “Yo limpié chapapote”, con el fin de que los voluntarios que acudieron a limpiar la costa, fueron más de 300.000,  intercambien experiencias.

Consecuencias

Según las cifras oficiales, se vertieron un total de 63.000 toneladas de petróleo, por lo que fue calificada como la mayor catástrofe ecológica sufrida hasta entonces en España. La fauna marina y las aves sufrieron un daño irreparable y se perdieron miles de puestos de trabajo, ya que el sector pesquero se vio obligado a paralizar sus actividades.

El vertido de petróleo también tuvo consecuencias negativas para la salud de las personas que ayudaron en la limpieza del chapapote y así queda recogido en un estudio del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental. Dicho estudio confirma que los pescadores que participaron en la limpieza del vertido siguieron sufriendo problemas respiratorios cinco años después del accidente.

Un juicio muy esperado

El juicio por la catástrofe del “Prestige” se ha hecho esperar casi diez años. Están imputados en este proceso el capitán del barco para el que se piden 12 años de prisión por atentado contra el medio ambiente, daños y desobediencia, el primer oficial, de nacionalidad filipina y que actualmente se encuentra en paradero desconocido, y el jefe de máquinas. También se sentará en el banquillo, José Luis López- Sors, exdirector general de la Marina Mercante cuando Francisco Álvarez-Cascos dirigía el Ministerio de Fomento y que se enfrenta a una pena máxima de 5 años. Está  acusado de imprudencia grave por el rumbo errático que siguió la nave durante seis días y que extendió el vertido de petróleo desde Galicia hasta las costas francesas.

La plataforma «Nunca Máis» ha reaparecido coincidiendo con el comienzo del juicio el pasado martes 16 de octubre para reclamar un «juicio ejemplar». Esperemos que sea así, y  que una década no haya servido para borrar la magnitud de lo que ocurrió.