Río+20, la cumbre que no convenció

A escasos días de la celebración de Río+20, cuarta Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas, nuestro planeta parece seguir lejos de recuperarse de todos sus males. Los movimientos sociales desconfían de la economía verde y muchos gobiernos han quedado insatisfechos con los acuerdos adoptados.

Dos décadas después de la primera Cumbre de la Tierra (Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible) seguimos buscando el camino. Parece que el hombre del siglo XXI no tiene muy claro qué hacer para que todas las piezas del puzle –economía, medio ambiente, desarrollo social- encajen.

De eso ha tratado Río+20, la cuarta Cumbre de la Tierra de la historia: de “sentar las bases de un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad”. En el eje central de la cita, que ha tenido lugar entre el 20 y el 22 de junio, dos cuestiones: la economía verde o ecológica y la creación de un marco institucional para el desarrollo sostenible.

Cosas buenas, cosas malas

Tal y como informaba hace unos días la agencia de noticias EFE, unos 190 países han adoptado en Río de Janeiro un documento titulado El futuro que queremos. El objetivo es impulsar los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Un comité formado por 30 expertos de todo el mundo definirá hasta 2014 los medios de financiación para alcanzarlos.

Pero, si bien la convocatoria Río+20 ha sido todo un éxito de participación, no se puede decir que en Brasil haya llovido a gusto de todos durante la cumbre. Muchos gobiernos y ONG consideran que Río+20 no ha hecho nada más que quedarse en la superficie de los problemas. Todo se reduce, según ellos, a buenas intenciones. Y como no hay obligación de ningún tipo, pues algunos países se han ido tan contentos.

Uno de los puntos que más desconfianza ha generado entre los movimientos sociales es el de la economía verde. A pesar de las bondades del concepto como tal, hay quienes temen que esta corriente económica derive en un capitalismo verde que mercantilice la naturaleza. Lo consideran una maniobra para “meter en el mercado los bienes comunes de la humanidad”. El hecho de que en esta última edición haya habido una participación tan elevada por parte del sector empresarial no ha hecho más que alimentar la sospecha.

Hablando de empresas, de los 283 párrafos de la declaración presentada, se pueden extraer varios apartados interesantes. Las compañías, por ejemplo, deberían comenzar a prestar más atención a asuntos tan simples como la redacción de informes de sostenibilidad.

Más allá del PIB

Otro de las notas destacadas de Río+20 es el proyecto de creación de un nuevo indicador de riqueza que no se base única y exclusivamente en el Producto Interior Bruto de las naciones. El nuevo quedaría constituido también por datos sociales y ambientales. En Río+20 se han presentado varias alternativas, entre ellas el Índice de Enriquecimiento Inclusivo (IWI) y el Índice de Desarrollo Humano Sostenible.