¿Qué pasa en Haití?

Si hay una nación que solo ha conocido calamidades a lo largo de su historia, esa es Haití. Caracterizada por la inestabilidad política, social y económica, su actualidad se ha visto agravada por los desastres naturales. El ejemplo más reciente es el terremoto sufrido el 12 de enero de 2010 de magnitud 6.9 en la escala Richter, el más severo del país en 200 años. Más de 300.000 personas perdieron la vida y quedaron más de 1 millón de damnificados.

A más de dos años del trágico seísmo, aún hay escombros en las calles, 600.000 personas subsisten en precarios campamentos establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y sólo el 30% de la población tiene agua potable, lo que ha contribuido a la propagación del cólera.
Cuesta entender, como con un nuevo Gobierno cargado de promesas y con una ayuda internacional sin precedentes (cifrada en miles de millones de euros) no se hayan conseguido más avances.
Los donativos internacionales ya no llegan como al principio y la inexistencia de un gobierno eficaz, ralentiza y dificulta el proceso de reconstrucción de Haití y hace más complicado que la ayuda llegue a las personas más necesitadas. Por eso no es de extrañar que muchos se pregunten: ¿Qué es lo que pasa en Haití?

Haití. Un País Corrupto

La ONG Transparencia Internacional (TI), dedicada a combatir la corrupción, sitúa a Haití como unos de lo países más corruptos del mundo. El 60% de los casi 9 millones de habitantes sufre desempleo, y solo el 3,4 % tiene esperanzas de superar los 64 años de vida. Gran parte de la población vive con dos dólares al día y la tasa de alfabetización no supera el 45%. La debilidad de las instituciones estatales, incluido el sistema judicial y las fuerzas de seguridad, ha provocado que el narcotráfico haya encontrado un terreno propicio para desarrollarse en este pequeño rincón del caribe.
Con este panorama social, la vulnerabilidad de la población es extrema. Haití, no tiene la capacidad de modernizar su infraestructura social y económica necesaria para poder salir de esta situación de estancamiento.
Sin lugar a dudas, la ayuda internacional es imprescindible para solucionar los gravísimos problemas que causó el devastador terremoto del 2010. Pero también lo es, la existencia de un Gobierno honesto y comprometido con la reconstrucción.
Esperemos que Haití no se convierta en otro claro ejemplo de cinismo político e internacional, y pronto podamos ver un verdadero restablecimiento de los derechos básicos de los haitianos.