Pobreza y eficiencia energética, dos caras de una misma moneda

Cuando más se busca la ansiada eficiencia energética imprescindible en el mundo desarrollado, más ciudadanos se convierten en pobres energéticos con problemas para hacer frente a las facturas de energía. Para reflexionar sobre esta problemática de consumo, se instauró el Día Mundial de la Eficiencia Energética.

La pobreza energética no es un término nuevo, existe desde 1990. Sin embargo, es una realidad que ha cobrado especial importancia en la actualidad, en la que día a día más ciudadanos se ven sumidos en esa precariedad. Por su parte, la eficiencia energética es una práctica que tiene como objeto reducir el consumo de energía para disminuir costos y promover sostenibilidad económica y medioambiental. El llegar a ese objetivo de eficacia pasa por una concienciación social que se persigue con la celebración de una efeméride como el Día Mundial de la Eficiencia Energética, entre otras acciones.

Cómo se proclamó el Día Mundial de la Eficiencia Energética

La eficiencia energética ya nos preocupaba en 1998, año en el que tuvo lugar la primera conferencia internacional sobre el tema en Austria. Expertos y líderes mundiales se congregaron allí para encontrar una solución y reducir el consumo de energía. Algo que nos incumbe individualmente a cada uno de nosotros, pues se puede fácilmente reducir el gasto energético con buenas prácticas para aplicar en el propio hogar.

Desde ese primer encuentro, cada 5 de marzo se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética como día elegido para que todos los ciudadanos reflexionemos sobre el uso que le damos a la energía, la problemática del uso abusivo de combustibles fósiles y la importancia de comenzar a explotar fuentes de energía renovable.

Qué es la eficiencia energética

La eficiencia energética es el ahorro de energía y se plantea como una de las herramientas de freno para el cambio climático y la consecución de sociedades sostenibles, junto con el desarrollo de energías renovables y una política de transporte menos agresiva con el medio.

Esto no implica renunciar a la calidad de vida, sino a la obtención de los mismos bienes y servicios energéticos empleando para ello menos recursos. Tal fin se consigue con la mejora de los procesos, el reciclaje, el uso de productos menos contaminantes y un consumo inteligente, es decir, utilizar solo aquella energía que realmente necesitemos.

Sin embargo, la eficiencia energética es un objetivo que resulta imposible para los 7 millones de ciudadanos españoles que tienen problemas para pagar las facturas de energía. Este es un dato que proviene del segundo estudio sobre la Pobreza Energética en España elaborado por la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) en 2014.

Qué es la pobreza energética

Frente a la eficiencia energética, tenemos la pobreza energética. Fue definida por la investigadora británica Brenda Boardman a principios de la década de 1990 del siguiente modo: «incapacidad para un hogar de obtener una cantidad adecuada de servicios de la energía por el 10% de la renta disponible.»

Según la segunda edición del informe elaborado por la ACA, el número de personas que pueden estar en riesgo de pobreza energética en España ha aumentado en dos millones entre 2010, año del que se ocupó el primer estudio, y 2012. Una de las causas responsable del incremento de ciudadanos en situación de pobreza energética es el encarecimiento de la energía y las circunstancias que lo han agravado son la crisis y el desempleo.

Ante esta situación, resulta imprescindible la educación en la eficiencia energética con recursos escolares y páginas de interés y el esfuerzo de todos por llegar a un consumo energético responsable que sea sostenible. Algo que se reivindica tal día como hoy, pero que debemos tener presente a diario en nuestra vida cotidiana.