Otro amargo Día Internacional de la Paz

Casi medio centenar de conflictos armados sacuden el mundo entrado el siglo XXI. Parece que, lejos de encontrar la fórmula de la paz, el ser humano ha hecho de la guerra una forma de diálogo. En este contexto se celebra el Día Internacional de la Paz.

“El 21 de septiembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz”. Esta expresión aparece, literalmente, en la página web de Naciones Unidas. Quizá hubiese sido conveniente puntualizar: “El 21 de septiembre se puede celebrar, en algunas regiones del mundo, el Día Internacional de la Paz”.

Sugerimos la puntualización porque durante 2011 se contabilizaron 40 contextos de conflicto armado en el planeta, según apunta un informe de la Escola de Cultura de Pau, entidad con la que colaboran la Universidad Autónoma de Barcelona y la Generalitat de Cataluña. De los 40 conflictos mencionados (15 en África, 12 en Asia y siete en Oriente Medio), cinco afectaron a Europa durante el año pasado.

Nada que celebrar

Visto así, la cosa cambia. Podría decirse, incluso, que el 21 de septiembre no hay mucho que celebrar y que desde hace 30 años se conmemora un día internacional que poco efecto ha tenido entre su público objetivo: los seres humanos. En Naciones Unidas explican que esta jornada ofrece a todos los pueblos del mundo una fecha común para organizar acontecimientos y emprender actividades que pongan de relieve la importancia de la paz.

Sin embargo, al mundo lo sigue sacudiendo la guerra. Y lo peor de todo es que ya nadie enciende el televisor con la esperanza de escuchar en el telediario que palestinos e israelíes han firmado la paz o que Estados Unidos ha retirado definitivamente sus tropas de aquellos territorios en donde se encontraban asentadas. Parece que hombres y mujeres se han acostumbrado a convivir con la guerra y que la paz es el agente extraño de toda esta historia. Nuestra historia.

El negocio de las armas

La facturación de las 100 mayores empresas productoras de armas alcanzó los 305.000 millones de euros en 2010 (un tercio del PIB de España, tal y como explicaba Andrea Rizzi, periodista del diario El País, el pasado mes de febrero en un interesante artículo sobre el sector). Ese año el mercado de las armas experimentó un crecimiento del 1% con respecto al ejercicio anterior, según datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo.

El lema del Día Internacional de la Paz en 2011 era hermoso: “Paz y democracia: haz que tu voz se oiga”. Es irónico. Según el ya mencionado informe de la Escola de Cultura de Pau, la mayoría de los conflictos estuvieron vinculados a la oposición de la sociedad a un determinado gobierno o al sistema de un Estado. Es decir, a la acción de personas que, anhelantes de democracia, decidieron que su voz tenía que oírse.

Siria es, en la actualidad, uno de los más claros ejemplos de lo que decimos. Lo que al principio fueron reivindicaciones no violentas que pedían apertura se ha transformado en un amargo cementerio para más de 20.000 ciudadanos. Hoy, la cabeza del presidente del país tiene un valor de 19 millones de euros.

“Si tuviésemos que hacer un minuto de silencio por cada uno de los muertos que ha producido la violencia este año en el mundo, tendríamos que quedarnos en silencio horas. Si pensamos en los muertos anuales, serían varios días de silencio. Una década nos obligaría a callar por meses. Porellos deberíamos quedarnos mudos durante años, siglos”. Así arrancaba el manifiesto de la primera Cumbre Mundial de la Paz, que tuvo lugar en Bogotá (Colombia) en 2009.

No pretendemos concluir, sin embargo, con estas impactantes palabras sino con una visión mucho más positiva del asunto. Existen autores, entre ellos el popular divulgador científico Eduard Punset, que han ayudado a difundir una optimista teoría: la del declive de la violencia. Tras ella, el profesor Steven Pinker, de la Universidad de Harvard, y otros muchos. Según ellos, la cobertura masiva de los hechos violentos en la actualidad enmascara las buenas noticias: incluso el siglo XX, con dos guerras mundiales, fue menos violento que los anteriores.