“No hay objeto más ecológico que el que se reutiliza”

Los mercadillos de segunda mano, tanto de venta como de trueque, son una opción para encontrar algo diferente, barato y ecológico. Este tipo de iniciativas muy comunes en otros países, surgen de la concienciación social de aprovechar los recursos al máximo. Se desarrollan con gran éxito y proliferan con la crisis, que nos ha obligado a replantearnos nuestra forma de comprar.

Los consumidores buscamos cada vez más la segunda mano para encontrar los productos que necesitamos a un precio más asequible. Muchas de las personas que venden, no lo hacen tanto por una necesidad económica, como por un compromiso social de ejercer un consumo responsable. Este tipo de mercadillos son algo muy común y de gran tradición en otros países europeos y Estados Unidos. Recientemente se están implantando en España; nos desprendemos así del rechazo inculcado a las cosas usadas.

Esta práctica es una forma de aprovechar al máximo nuestros recursos. Al mismo tiempo fomentamos un uso racional de los productos, con  la reutilización y la reducción de residuos. En lugar de tirar los objetos que ya no usamos se les busca otra oportunidad, con una segunda o incluso a veces tercera vida de uso. Como muy bien dicen en el Adelita Market, uno de los mercadillos de segunda mano de Madrid, «no hay objeto más ecológico que el que se reutiliza».

Estos mercadillos emergentes están teniendo mucha aceptación y suscitan un gran interés. Así lo demuestra la cantidad de solicitudes que tienen para participar y los numerosos seguidores de sus páginas de Facebook. Y es que en este momento de crisis, pero a la vez de interconexión y de explosión de las redes sociales, estas se convierten en una herramienta perfecta tanto para organizar las convocatorias como para su difusión.

La crisis ha ayudado a cambiar la mentalidad de consumo en España

Lara Díaz, responsable de Rave Market de Madrid, considera que puede que la crisis sí que haya ayudado a cambiar la mentalidad, intentar reducir el gasto y aprovechar más lo que tenemos. «Hemos vivido en un tiempo de economía muy a lo loco que todo el mundo gastaba sin pensar y a lo mejor sí que ha tenido que ver la crisis que nos ha concienciado de recortar el gasto y por un motivo o por otro está funcionando y me alegro mucho porque creo que es una filosofía necesaria en cualquier sistema».

Sin embargo, Lara no cree que en Europa este tipo de mercados empezaran con ninguna crisis, sino que es más una filosofía de vida, plantearse preguntas como: ¿por qué hay tanta acumulación de residuos si no es necesaria? y ¿por qué tengo que tirar yo esto si a lo mejor a mi vecino del quinto le puede venir estupendamente? Es un tema, más de conciencia social o ecológica.

Cómo son los mercados de segunda mano en otros países

Los garage o yard sales cuentan con una gran tradición en Estados Unidos o Australia. Las familias los instalan en el acceso al garaje de sus viviendas unifamiliares o en el jardín trasero. La gente quiere deshacerse del exceso de cosas que tiene, como limpieza general del hogar o para recoger fondos de uso personal o social. Los vendedores no pagan impuestos y la venta generalmente es al contado y sin devoluciones. Venden de todo, desde ropa usada, libros, juguetes, herramientas y utensilios para el hogar hasta muebles y electrodomésticos.

Por su parte los flea market o mercados de pulgas son espacios en los que hay varios puestos que se alquilan a los particulares. Su periodicidad oscila entre mensual, semestral y anual. Los car boot sale que hacen en el Reino Unido desarrollan su venta en los maleteros de los coches, pues es la forma habitual de transportar los objetos hasta el lugar del mercadillo.

Cómo organizar un mercadillo de segunda mano en mi ciudad

Lara cuenta que le surgió la idea de montar un mercadillo tras su estancia en Dublín. «Allí hay muchísima cultura de la segunda mano y me pareció una idea bestial. Cuando volví a Madrid vi que no había nada parecido. En Barcelona sí, pero no en Madrid. Echaba en falta una iniciativa de este tipo y decidí montarla por mí misma».

Además, lamenta de las pocas ayudas y las muchas trabas que se ha encontrado para organizar actividades de este tipo. «En España hay bastantes complicaciones y la verdad es que no nos lo ponen nada fácil y hay muchísima gente que me dice que esto estaría muy bien en la calle o en un parque, pero en la calle no se puede vender. Sí que puedes hacer una venta en una propiedad privada y es libre de impuestos». Dice que en Barcelona están mucho más concienciados y que los propios organismos públicos ceden espacios y ayudan.

Un ejemplo de lo que cuenta Lara es la campaña barcelonesa ¡Mejor que nuevo!, enmarcada dentro del Programa Metropolitano de Gestión de Residuos Municipales del Área Metropolitana de Barcelona. Hace una labor de difusión de las diferentes posibilidades para poder reutilizar objetos con los talleres de reparación, las tiendas de segunda mano y los mercados y webs de intercambio.

Lara les diría a todas las personas motivadas por organizar iniciativas de este tipo «que tengan mucha paciencia, ganas e ilusión por el proyecto porque lleva mucho trabajo de gestión y va muy despacio. Es complicado, no es fácil y personalmente no sacamos ninguna rentabilidad económica». Sin embargo, admite que es «una cosa necesaria y cuantas más ciudades tengan estas actividades pues mucho mejor».