Más economía real, menos economía financiera

La economía real, la de toda la vida, integrada por actividades como la agricultura, la industria o el comercio, ha sido desplazada por la economía especulativa de los instrumentos financieros. Esta situación, que ha desembocado en una burbuja financiera a escala planetaria, es la principal causante de la crisis económica que nos azota.

Además de una economía al servicio del hombre, bien dimensionada y que no invada todos los ámbitos de la actividad humana, es preciso que la economía responda a una realidad y se base en actividades, bienes y servicios verdaderos. De lo contrario, el dinero se multiplica de forma artificial, a través de diversos instrumentos y mecanismos, generando una burbuja financiera que acaba por estallar al descubrirse que la riqueza real solo se corresponde con una ínfima parte de todo ese dinero ficticio en circulación.

Dinero fantasma

Como afirma Jordi Pigem en su libro La Buena Crisis, “más del 98% de las transacciones monetarias que se efectúan hoy en el mundo no corresponden a la economía real, sino a dinero ávido de beneficios a corto plazo que circula por mundos abstractos, desligados de bienes reales y de criterios éticos, sociales o ecológicos”.

En efecto, la inmensa mayoría de movimientos de fondos corresponden a operaciones sobre títulos, valores, opciones, warrants y demás instrumentos financieros ajenos a la economía real y cuyo importe total dista mucho del valor de la riqueza que pretenden representar. Se trata de la llamada “economía de casino”, en la que los jugadores (eufemísticamente llamados inversores) apuestan con fichas para multiplicarlas en poco tiempo y así obtener beneficios a corto plazo. El problema surge cuando los jugadores-especuladores acuden a la caja a cambiar las fichas y no hay dinero de verdad, cuando se descubre el espejismo. O, dicho de otro modo, cuando hay muchas más fichas en circulación que dinero contante y sonante.

Si a lo anterior añadimos que el valor de las fichas (valores y demás instrumentos financieros) está sujeto a movimientos especulativos, rumores o estados de ánimo, calificaciones subjetivas de empresas de rating y demás vicisitudes que afectan a los “mercados”, el resultado es la tormenta financiera perfecta.

La perversa titulización

El mejor ejemplo de cómo funciona la economía financiera es el mecanismo de la titulización, que básicamente consiste en “trocear” una deuda (como un crédito hipotecario) y vender los trocitos del crédito a un tercero. El comprador de estas porciones de crédito puede, a su vez, hacer más pedazos y seguirlos vendiendo, formando una cadena sin fin en la que el último titular asume todo el riesgo. Y si esta cadena se globaliza, resulta que un jubilado de Palencia, por mediación de una Caja de Ahorros, puede llegar a ser acreedor de un parado en Toronto, al que un banco de Chicago concedió una hipoteca  de alto riesgo, basura o subprime.Y ya tenemos servida la crisis financiera a escala planetaria.

Banquero, a tus zapatos

Otra de las causas de la burbuja financiera es la actuación de los bancos y cajas de ahorros en los años anteriores a la crisis. Y es que, además de descuidar sus obligaciones como gestores, concediendo préstamos y créditos con poco rigor, las entidades bancarias descubrieron que la intermediación financiera es muy lucrativa y genera pingües beneficios en forma de comisiones. De modo que se centraron en vender (colocar, como se dice en el argot) todo tipo de productos financieros a sus clientes, ya fuera en forma de acciones, participaciones en fondos, warrants o cualquier otro instrumento. Llegando incluso a conceder préstamos para que sus clientes participaran del festín financiero, insuflando así más dinero en la burbuja.

Vemos pues cómo el negocio de los bancos y cajas se ha alejado también de la economía real y ha fomentado la burbuja financiera. Por ello, desde aquí pedimos a las entidades bancarias que se centren en su actividad original, a saber, prestar dinero a cambio de un interés (razonable) para que la economía verdadera, la de toda la vida, la del esfuerzo genuino, pueda acceder al crédito cuando lo necesite.