La desigualdad azota España

La OCDE e Intermón Oxfam lo dejan claro: España es el país de la Unión Europea donde más ha aumentado la brecha entre ricos y pobres durante la crisis, superando hasta en catorce veces a Grecia. Mientras tanto, según el informe anual de la riqueza, España cuenta con un 40% más de multimillonarios desde que estalló el boom inmobiliario. La pobreza nos oprime, la desigualdad nos ahoga, pero las organizaciones liberales niegan la mayor. Su plan para minimizar al Estado y acumular cuanta más riqueza mejor, va viento en popa.

La crisis económica que desde 2007 golpea a España ha sido el perfecto caldo de cultivo para poner sobre la mesa el debate de la desigualdad en nuestro país. Año tras año, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) sacude a España con sus informes, situándola a la cabeza de Europa en cuanto a desigualdad de ingresos entre ricos y pobres.

En julio del pasado año, en su informe Government at a Glace, calculó que entre 2007 y 2011, el 10% de los españoles con menos ingresos se empobreció a un ritmo del 12,9% anual, un porcentaje muy superior al descenso del 1,4% para el 10% de los españoles que más dinero ingresó. Estos informes anuales confirman año tras año esta tendencia, pues en 2014 también mostraban como la desigualdad en términos de mercado se incrementó desde 2011 en ocho puntos porcentuales, frente a cinco puntos de Irlanda y Grecia o tres en Estonia. El propio Informe Eurostat de 2014 revelaba que la diferencia que existía en España entre el 20% más rico y el 20% más pobre solo era superada por Rumanía y Bulgaria.

En enero de este año, y en la misma línea, la ONG Intermón Oxfam aseguró en su informe “Una economía al servicio del 1%” que España era el país de la OCDE donde más había crecido la desigualdad desde el comienzo de la crisis, tan solo por detrás de Chipre y superando hasta en catorce veces a Grecia. La ONG asegura que la pobreza y la exclusión en España han aumentado «de manera alarmante» en los últimos años, con 13,4 millones de personas en riesgo de exclusión en el año 2014 (el 29,2 % de la población española). La distancia entre ricos y pobres no para de crecer, tanto es así que en 2015 el 1% de la población concentró tanta riqueza como el 80% de los más desfavorecidos. «La fortuna de solo veinte personas en España alcanza un total de 115.100 millones de euros», revela el informe.

En este sentido, y según este informe de Intermón, España es el segundo país de la Unión Europea en el que más ha crecido la distancia entre rentas altas y bajas, solo por detrás de Estonia, y entre 2007 y 2014 el salario medio español se desplomó un 22,2%. Además, según los datos de la OCDE, los hogares más desfavorecidos son los que han sufrido una mayor caída de los ingresos durante la crisis, y el salario de los más ricos es 18 veces superior al del 10 % más pobre.

Por otra parte, el informe denuncia que la reforma fiscal que entró en vigor en España hace apenas un año es «una herramienta para garantizar privilegios a unos pocos», lo que ha dado como resultado que España siga teniendo una de las presiones fiscales más bajas de toda Europa. No se ha conseguido remediar que 17 de las 35 empresas del IBEX 35 no pague el impuesto de sociedades en España ni que la inversión hacia la Unión Europea cayera un 15% en 2015 y la inversión en paraísos fiscales creciera un 2000%.

En este mes de febrero, Leandro Prados de la Escosura, catedrático de Historia Económica de la Universidad Carlos III aseguraba que las malas noticias no acaban aquí: “La renta real disponible por persona ha caído más de un 11% entre 2007 y 2013, lo que supone la mayor caída registrada en 165 años, con excepción del periodo de la Guerra Civil». Y según el índice de Gini, que mide la distribución de los ingresos entre los distintos niveles de rentas, “solo Letonia, Lituania, Rumanía y Bulgaria” en la UE presentan una desigualdad mayor. Mientras tanto, el número de ricos ha crecido un 40% desde 2008. Es decir, la población con elevado patrimonio, aquella que tiene activos de inversión de un millón de dólares o más, se ha incrementado en 50.900 personas en este periodo, según el Informe Anual de la Riqueza en el Mundo 2015.

Pero todavía hay más. Hace apenas una semana, la OCDE volvió a publicar otro estudio, esta vez titulado “Estudiantes de bajo rendimiento: Por qué se quedan atrás y cómo ayudarles a tener éxito” donde analiza las causas que explican las diferencias en los resultados de las pruebas PISA (nivel de conocimientos de matemáticas, lectura y ciencias) y donde se afirma que el nivel socieconómico de los estudiantes influye de manera determinante en estos resultados. Tanto es así, que según desvela este organismo internacional, el rendimiento del 40% del alumnado cuya familia tiene una situación económica complicada está por debajo de la media, frente a solo el 8% del alumnado que está en buena situación económica. Además, cuando los alumnos con peor nivel socieconómico se ‘concentran’, los resultados empeoran, lo que explica que en los colegios públicos el 29% de los alumnos obtenga peores resultados, frente al 15% en los colegios concertados y el 10% de los privados.

Pero a pesar de todos estos informes, respaldados por organizaciones internacionales de elevado prestigio, todavía hay quien cuestiona que el problema de la desigualdad sea tan grave en nuestro país. Organizaciones liberales y defensoras del libre mercado, de la privatización de cualquier servicio y recurso y de la limitación absoluta del poder público, como el Instituto Juan de Mariana, todavía se atreven a negar la mayor. Sus intereses parecen estar por encima del bien común de la sociedad. El Estado cada vez es más pequeño. Los recursos naturales se concentran en menos manos y sus bolsillos crecen sin parar. Su maquiavélico plan, funciona. Y todavía se regodean. “Una reducción de la desigualdad es indeseable si se pretende alcanzar a base de empobrecer a quien justa y legítimamente obtiene una riqueza o renta alta”, afirman en su informe.

Pero yo me pregunto, y lanzo esta reflexión a modo de conclusión, ¿puede alguien hacerse multimillonario de forma legítima? ¿De verdad se puede ser rico de manera honrada? ¿Defienden por tanto estos adalides de la libertad la existencia de paraísos fiscales, la competencia salvaje, la erradicación de derechos laborales y el empobrecimiento generalizado de la población, herramientas que han usado para enriquecerse la mayor parte de los multimillonarios de hoy en día? Hace unas semanas, en un encuentro de economistas en Caixaforum, lancé estas preguntas después de que los tres ponentes intentaran convencernos durante más de una hora de que España era un país justo e igualitario. Ninguno quiso responderme.