La Carta de la Tierra: avanzando hacia una ética planetaria

“Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro”. Así comienza el Preámbulo de la Carta de la Tierra. Esta declaración de principios éticos y democráticos pretende la construcción de una sociedad global más justa, pacífica y sostenible. ¿Estamos a tiempo de conseguirlo?

“A nivel general y global creo que la gente está más concienciada, informada  y comprometida con el desarrollo sostenible. Lo negativo, que el tiempo es corto para actuar y algunas organizaciones no entienden esto todavía”. Así de contundentes, pero esperanzadoras suenan las palabras de la Coordinadora de la Carta de la Tierra para Latinoamérica y Europa, Betty McDermott.

Se trata de una llamada a la acción, en un mundo donde los intereses económicos parecen estar por encima de todo y todos.

Un poco de historia

Con  la creación de las Naciones Unidas en 1945 se hizo especial hincapié en la paz, los derechos humanos, y el desarrollo socioeconómico. En ese momento, las cuestiones medioambientales no se tuvieron en cuenta.  De ahí que la seguridad ecológica surgiera años más tarde como una preocupación común de la humanidad.

Tras varios intentos infructuosos de  crear una Carta de la Tierra, en 1995 se reanudó el proceso, gracias al apoyo de personalidades muy relevantes del panorama internacional como por ejemplo Mikhail Gorbachev, Presidente de la Cruz Verde Internacional por aquel entonces.

Después de varios borradores, el 24 de marzo del 2000 en la sede de la UNESCO en París, se aprobó la versión final de la Carta de la Tierra. Aunque su lanzamiento oficial se produjo el 29 de junio de ese mismo año en La Haya.

Mikhail Gorbachev afirmó en aquel entonces que se trataba “del manifiesto de una nueva ética planetaria para el nuevo mundo”.

Proceso participativo

La Carta de la Tierra es el resultado de un diálogo intercultural. Se creó una consulta global, que duró cinco años, y proporcionó opiniones variadas en torno a la elaboración de la misma.

Según Betty McDermott,  “La redacción de la Carta de la Tierra abarcó el proceso más inclusivo y participativo que se haya efectuado jamás en torno a la creación de una declaración internacional. Este proceso es precisamente la fuente de su legitimidad como marco ético rector”.

Cientos de agrupaciones y miles de individuos  tomaron parte en el proceso. Entre 1997 y 1999 se crearon más de cuarenta comités nacionales de la Carta de la Tierra, y se realizaron numerosas conferencias sobre el tema en todo el mundo.

Se trata de una ley blanda, que al igual que la Declaración Universal de Derechos Humanos, es moralmente vinculante para todos aquellos países que quieran adoptarla. Suele ser la base para el posterior desarrollo de una ley. La República de Tartaristán, en la Federación Rusa, es de momento, el único país,  que ya la ha aplicado en su legislación.

Además se ha ido desarrollando a la vez un movimiento internacional que trabaja para poner en práctica los principios de la Carta. Esta  red es conocida como la Iniciativa de la Carta de la Tierra.

Un mundo mejor

El texto de la Carta está estructurado en torno a un Preámbulo, 4 principios básicos que son: el respeto y el cuidado de la comunidad de la vida, la integridad ecológica, la justicia social y económica, y la democracia, no violencia y paz. Estos principios son desarrollados en 16 principios generales complementados a su vez en 61 principios de apoyo. Y finaliza con una conclusión: El camino hacia delante.

Según Betty McDermott,  “No son solamente una lista de buenas intenciones sino un compendio de valores y principios para la sustentabilidad de un consenso mundial, un marco ético aplicable a diferentes campos, una guía de cómo alcanzar un mundo mejor para todas las especies que habitan este planeta”.

Podéis tener acceso pinchando aquí  al contenido íntegro de esta declaración tan importante para tomar conciencia de la urgente necesidad de cuidar y proteger el mundo en el que vivimos.