Haciendo las paces con el planeta

Debemos cambiar nuestra relación con el mundo que nos rodea y pasar de controlar la naturaleza a entender que formamos parte de ella.

Nuestra relación actual con el planeta y sus recursos se basa en la visión que teníamos del mundo en el siglo XIX. Por aquel entonces, la realidad era una suma de objetos y fenómenos, regidos por leyes mecánicas, que podían – y debían- ser controlados por el hombre. El ser humano estaba llamado a ser dueño y señor de la naturaleza, a dominarla por completo.

Esta visión llevó a una verdadera separación entre los seres humanos y el resto del universo. Y este divorcio derivó en una absoluta pérdida de respeto por la naturaleza y una sobreexplotación de sus recursos. Ya conocemos el resto de la historia. Nuestra sociedad industrial viene topando, desde hace ya un tiempo, con los límites físicos del planeta.

Y ahora que el deterioro del medio nos afecta de lleno intentamos, sin mucho éxito, detenerlo. Tratamos, por ejemplo, de poner freno al calentamiento global, recuperar las pesquerías o contener la deforestación. Pero lo hacemos sin convicción, forzados por los acontecimientos. No por respeto al medio que nos rodea, sino porque no nos queda otro remedio.

Por eso, más allá de frenar a regañadientes la destrucción del medio, lo que necesitamos es un cambio de mentalidad y actitud. Otra forma de entender nuestra relación con el mundo que nos rodea, basada en el respeto y la admiración. Debemos pasar de controlar la naturaleza a desarrollar un sentimiento de pertenencia, porque somos parte de ella. Y sí, la tierra es nuestra casa, pero no la tenemos en propiedad. Sólo la habitamos durante un tiempo. Estamos aquí de paso y hemos de cuidarla para los inquilinos que vengan.