Enseñar que equivocarse no es fracasar sino aprender

El miedo a equivocarnos puede paralizar nuestra iniciativa y creatividad. Este miedo no es algo natural, sino aprendido e inculcado. El sistema educativo actual penaliza el error en lugar de aprovechar su potencial de aprendizaje. Sin embargo, grandes hallazgos del ser humano han venido de la mano de un error u equivocación, por lo que es de gran importancia desprendernos de la idea de que equivocarse es fracasar.

El sistema educativo actual basado en unos aprendizajes muy concretos y con unas baremaciones específicas de contenidos, no contempla las oportunidades de aprendizaje que ofrecen los errores y equivocaciones. Tan solo premia los aciertos y penaliza los fallos. De este modo no favorece el pensamiento lateral tan necesario para generar soluciones alternativas y resolución de problemas de manera creativa e imaginativa, pues establece que todo lo que se aleja de lo calificado como acierto es un “fracaso”. Este planteamiento de la enseñanza no solo reduce las posibilidades de aprendizaje, sino que además genera miedo a la equivocación así como frustración cuando ocurre, lo que deriva en desmotivación y actitud pasiva y no creativa y emprendedora.

Afortunadamente, voces críticas con el sistema educativo actual como Sir Ken Robinson trabajan por cambiar esas ideas. Robinson sentencia que «si no estás preparado para equivocarte, nunca llegarás a nada original». El error debe verse como un proceso natural y positivo dentro del propio aprendizaje del alumno pues muchas veces solo aprendemos de nuestras equivocaciones. Así pues el error es un elemento inherente al propio aprendizaje que sin embargo, de forma totalmente equivocada, la educación actual quiere erradicar, minando así un pilar básico de la enseñanza.

Recuperar la serendipia

Precisamente fruto del error es la serendipia. Una serendipia es el fenómeno de un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. La serendipia enseña a no despreciar directamente los errores sin analizarlos con detenimiento. Pues puede que detrás de ellos se encuentren valiosas enseñanzas que sirvan de inspiración y que nos solucionen otros posibles conflictos o problemas.

En cualquier caso, aunque la serendipia es un suceso casual y afortunado, no hay que olvidar que ocurre siempre en un ambiente de búsqueda, trabajo y resiliencia. Realidad que hay que tener muy presente, pues a veces el trabajo y el esfuerzo no recibe sus frutos en la dirección esperada. Esto no debe generar frustración puesto que hay que sacar provecho de los resultados obtenidos que pueden ser incluso mejores que las expectativas iniciales, siempre y cuando se haya cultivado el pensamiento lateral y la capacidad de adaptación que permitan aprovechar los nuevos hallazgos.

Grandes descubrimientos por error

Los fuegos artificiales
Los primeros fuegos artificiales fueron inventados en la Antigua China hace ya unos 2000 años. La leyenda cuenta que un cocinero chino utilizó para hacer fuego al aire libre una mezcla con ácido sulfúrico, salitre y carbón vegetal. Al juntar estos elementos, se produjo una explosión que después comprimiría en un tubo de bambú dando origen por tanto a los fuegos artificiales, que eran utilizados para espantar a los malos espíritus en ritos como el matrimonio.

El descubrimiento de América
Cristóbal Colón defendía la hipótesis de que la tierra era redonda y que se podía alcanzar el oriente navegando hacia poniente. Con ayuda de la monarquía española y concretamente de los Reyes Católicos, organizó un viaje de exploración que lo condujo a la costa americana en 1492. Sin embargo, siempre pensó que había llegado al continente asiático, denominado por los europeos las Indias y murió sin saber que había descubierto un nuevo continente. Se trata de uno de los momentos cumbres de la historia universal porque significó el encuentro de dos mundos que habían evolucionado independientemente, sin que uno conociera la existencia del otro.

Los Rayos X
En 1895, El físico Wilhelm Conrad Röntgen experimentaba para investigar la fluorescencia violeta que producían los rayos catódicos. Tras cubrir el tubo con un cartón negro para eliminar la luz visible, observó un débil resplandor amarillo-verdoso proveniente de una pantalla con una capa de platino-cianuro de bario, que desaparecía al apagar el tubo. Determinó que los rayos creaban una radiación muy penetrante, pero invisible, que atravesaba grandes espesores de papel e incluso metales poco densos. Usó placas fotográficas, para demostrar que los objetos eran más o menos transparentes a los rayos X dependiendo de su espesor y realizó la primera radiografía humana, usando la mano de su mujer. Los llamó «rayos incógnita», o «rayos X» porque no sabía qué eran, solo que eran generados por los rayos catódicos al chocar contra ciertos materiales.

Endulzante artificial
Tres falsos-azúcares han llegado a los labios humanos solo porque los científicos olvidaron lavarse las manos. La sacarina (1879) apareció durante un proyecto con derivados de la brea de carbón. El ciclamato (1937) y el aspartamo (1965) son subproductos de la investigación médica.

El celofán
El ingeniero suizo Jacques Brandenberger quiso crear un material que evitara las manchas en los manteles. Realizó varios ensayos en su laboratorio pero todos eran fallidos hasta que en uno de esas pruebas poco fructíferas se dio cuenta de que el líquido viscoso que había aplicado sobre una tela había creado una capa que se podía separar y que además podía ser adhesiva. En 1908 nació el celofán.

La penicilina 
El científico escocés Alexander Fleming investigaba la gripe en 1928 cuando se dio cuenta de que un hongo había contaminado una de las placas con bacterias que estaba analizando. Alrededor de ese hongo no se desarrollaban las bacterias. Aunque él no pudo aislarlo, este descubrimiento fruto de un descuido en el laboratorio, dio pie al desarrollo de un medicamento que ha salvado innumerables vidas.

El teflón
En 1930, Roy Plunkett, un investigador que trabajaba en la empresa DuPont, descubrió el teflón por casualidad mientras realizaba ensayos con sustancias refrigerantes. Se trata de una sustancia blanca y cerosa usada para revestimientos de aviones, cohetes y naves espaciales, además de ser el material estrella para las sarténes.

El velcro
El ingeniero suizo George de Mestral se encontraba paseando en 1941 por los Alpes cuando se quedó embobado mirando cómo las espigas de la setaria se le quedaban pegados al cuerpo. Entonces decidió estudiar la planta y reproducir su «mecanismo» en el laboratorio.

Descubrió que el Nylon, cosido con rayos infrarrojos formaba unos ganchos que se pegaban a una tela más aterciopelada. Es por esto que decidió llamar al famoso cierre «Velcro», palabra formada por el término francés Velours (terciopelo) y la inglesa crochet (gancho).

Microondas
Lo inventó Percy Spencer en 1945 cuando se encontraba estudiando un aparato de señales de radio con fines militares y se dio cuenta de que la chocolatina que llevaba en el bolsillo se había derretido. El primer microondas tenía un tamaño de un metro y medio.

Viagra
En 1992, la pastilla azul fue diseñada para la hipertensión arterial y la angina de pecho. Pero para sorpresa de los científicos del Hospital de Morriston, en Gales, durante los primeros ensayos con la pastilla se comprobó que apenas mejoraba la angina pero que tenía unos efectos potentes en la erección del pene.

Conviene no olvidarnos de que grandes hallazgos de la humanidad han ocurrido gracias a un fallo y al aprovechamiento del mismo. Que estos descubrimientos nos sirvan como fuente de inspiración para practicar el ensayo-error, así como el pensamiento lateral y favorecer así la probabilidad del “descubrimiento accidental”.