El drama de la explotación infantil

Si las condiciones laborales para los adultos son en ocasiones nocivas en cuanto a seguridad e higiene, para los niños, que son más frágiles, son aún mayores. La explotación infantil es un problema que invade el mundo. Más de 71 países siguen empleando a niños y niñas de todas las edades como mano de obra barata.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que 215 millones de niños son trabajadores. De los cuales 115 millones desempeñan labores especialmente peligrosas. Son utilizados para tareas agrícolas, de pesca, minería, tareas domésticas, prostitución e incluso como soldados.

El pasado día 12 de junio fue el Día Mundial de la Explotación Infantil. En este artículo quiero recoger algunas de las peores formas de trabajo infantil, para recordar que todos los días muchos niños, convertidos en “pequeños adultos” a la fuerza, madrugan, pero no para ir al colegio.

Los pequeños fabricantes de ladrillos

Niños de edades comprendidas entre 5 y 15  años trabajan fabricando ladrillos en los hornos de algunas provincias afganas como Kabul y Nangarhar. Su horario: de 8 de la mañana a 7 de la tarde, 6 días a la semana todo el año. Su sueldo, menos de 1 euro al día. Los niños trabajan a pleno sol y sin ningún tipo de protección. Algunos de ellos no han ido nunca a la escuela. El informe  de la OIT “Burried in Bricks” (Enterrados entre ladrillos) recoge que casi el 80% de los niños de familias de fabricadores de ladrillos trabaja. Y define este trabajo como “una de las peores formas de explotación infantil”. Entre los riesgos que corren estos niños, está el de contraer enfermedades respiratorias, un desarrollo insuficiente de los huesos y la aparición precoz de la artritis.

Pequeños buscadores de oro  y piedras preciosas

La OIT estima que en torno a un millón de niños realizan actividades de minería y cantería en todo el mundo. En las minas de oro de Zimbabwe y Malí, en las minas de Suyo en Perú, o en Colombia buscando esmeraldas, son algunos de los ejemplos donde estos niños se juegan la vida diariamente. Sólo en Mali, según un informe de Human Right Watch, entre 20.000 y 40.000 niños trabajan en las minas de oro.
Los niños desempeñan el mismo trabajo que los adultos. Extraen los  minerales, ayudan a perforar, empujan carros, limpian galerías y sacan el agua. El trabajo se hace sin ninguna condición de seguridad ni de higiene, exponiéndoles a graves riesgos físicos. Uno de los mayores riesgos es el uso de mercurio, una sustancia altamente tóxica, que sirve para separar el oro del resto de los minerales. El mercurio ataca al sistema nervioso central y al sistema endocrino infantil, lo que influye en su crecimiento y desarrollo posterior.

Trabajo doméstico

Mientras que los niños suelen trabajar en tareas agrícolas o mineras, las niñas realizan trabajos en el sector doméstico. Según la OIT en el mundo trabajan al menos 15,5 millones de niños en este sector. Entre las tareas domésticas más frecuentes se encuentran: acarrear cargas pesadas, lavar la ropa, cocinar, limpiar etc. Estos niños trabajan en condiciones de esclavitud, más de 12 horas e incluso hasta 16 los 7 días de la semana. También son objeto en multitud de ocasiones de abusos sexuales y todo tipo de maltratos.

Los niños del chocolate

No para todos los niños el chocolate sabe dulce. Se calcula que al menos 300.000 niños trabajan recolectando cacao. Las plantaciones más importantes se encuentran en Ghana y en Costa de Marfil. La mayoría de estos niños llegan desde otros sitios como Mali o Burkina Faso. Trabajan más de 12 horas por un mísero salario en unas condiciones de peligro extremo. Están expuestos a picaduras de serpientes, heridas con machetes, exposición a plaguicidas etc. Los cultivos son de muy difícil acceso y por eso están fuera del control y el censo internacional.

La OIT se ha marcado como objetivo eliminar las peores formas de explotación infantil antes de 2016. No olvidemos, que a estos niños se les roba su derecho a la educación, perdiendo así toda posibilidad de mejorar en un futuro y perpetuándose por tanto el círculo de la pobreza.