El consumidor del futuro piensa en sostenibilidad

¿Cómo será el consumidor en el año 2020? Según un estudio británico la sostenibilidad se convertirá en una de sus demandas prioritarias. Por eso, toda empresa que quiera vender sus productos de aquí a unos años tendrá que cambiar, y mucho, de mentalidad.

Cuando alguien, individuo o empresa, se preocupa por la huella de carbono que dejará en el planeta cada una de sus actividades es que tiene una mentalidad sostenible. Sin embargo, aunque esa actitud ya se va vislumbrando en algunas compañías del mundo, a todas luces todavía son pocas. Parece que la cultura empresarial del “carpe diem” relaja la conciencia de los directivos estándar, a los que poco importa en qué estado quedará la Tierra para cuando tengan que habitarla las generaciones venideras.

Que lo sepa todo el mundo

No hace mucho que la ONG con sede británica Forum for the future ha publicado el estudio  Consumer Futures, trabajo que ha sido patrocinado por las compañías Unilever Sainsbury’s. La primera de ellas opera en más de 150 países y se autodefine como una multinacional multilocal y multiculural: hunde sus raíces en el respeto por la diversidad. La segunda es una de las cadenas de supermercados más grandes del Reino Unido.

Según explican los autores de Consumer Futures, lo que realmente soñaban cuando lo sacaron a la luz era que organizaciones de todo el mundo lo leyeran, lo usaran y lo implementaran para mejorar la sostenibilidad de sus operaciones. Este estudio explora la actitud de los consumidores de los más diversos sectores en relación con la sostenibilidad en 2020. Y es que, a los miembros de Forum for the future, como su propio nombre indica, les gusta pensar en futuro.

Lo curioso del asunto es que sus deseos fueron escuchados. Al menos por la Comisión de Comercio de Chile, desde donde se les encargó expresamente hablar de Consumer Futures en una conferencia sobre sostenibilidad. Algo es algo. ProChile, programa que trata de fomentar las exportaciones del país, estaba altamente interesado en conocer cómo todo esto puede afectar a la exportación de sus productos de aquí a unos cuantos años.

“Pero no queríamos producir toda esa huella de carbono por un viaje a Chile para sólo 20 de minutos de charla. Así que decidimos practicar un poquito más nuestras propias enseñanzas y usar las ventajas de la tecnología”, explican en la ONG.

Tres puntos para cambiar

Aplicada al caso chileno, la filosofía Consumer Futures parece resumirse en tres puntos. En primer lugar, hay que contar con “un plan para el cambio”. ¿Qué quiere decir esto? Sencillo: parece bastante probable que el precio de los productos cambie en el futuro. Entre ellos el de la energía fósil, el agua y otros recursos naturales. De esta manera, los productos que hoy requieren de forma intensiva combustible fósil o agua serán extraordinariamente caros en 2020. Razón número uno para que las empresas se preocupen desde ahora mismo por reducir su impacto ambiental.

En segundo lugar, las empresas tendrán que preocuparse más por la información que faciliten acerca de su producción. El consumidor de 2020 va a querer conocer más exhaustivamente el cómo y el dónde de la procedencia de lo que compran. Esta idea es una auténtica flecha que apunta hacia la sostenibilidad. Dicen desde Consumer Futures que la industria, por ejemplo, ha de estar abierta a la posibilidad de que no existan todos los tipos de fruta y todos los tipos de verdura durante todo el año.

Por último, las empresas exportadoras que realmente quieran exportar tendrán que constituir una relación mucho más cercana con su cadena de proveedores y trabajar colectivamente con ellos.

Parece que la reflexión ya está hecha. Ahora hay que pasar a la acción.