Cómo ser coherentes con nosotros mismos

Todos somos contradictorios por naturaleza pero nuestra psique busca la congruencia. Cuando caemos en la contradicción de ideas se produce, de una forma casi inconsciente, la disonancia cognitiva. A menudo se resuelve con un mecanismo automático de autojustificación y excusas que generamos para reducir el malestar que nos provoca la contradicción. Está en nuestra mano tomar otras alternativas.

Nuestro cerebro elabora la idea y concepción de la realidad mediante la herencia familiar, cultural y social que recibimos, así como la propia concepción del mundo que nos rodea. Estas ideas son los patrones mentales. Es importante saber que ciertos pensamientos, emociones o conductas pueden entrar en contradicción en nuestra psique y eso es frecuente y normal. Pero cuando no hay una relación consecuente entre lo que pensamos y lo que hacemos, surge la disonancia cognitiva.

Tenemos disonancias cognitivas cuando actuamos, con total libertad, de forma no acorde a nuestras ideas morales. Pero también cuando vivimos realidades que no podemos cambiar como le ocurre a la zorra en la fábula de “la zorra y las uvas”. Estas situaciones nos producen un malestar interno que tenemos que solucionar de alguna manera.

Por qué nos justificamos constantemente

Para poder volver al equilibrio y que se diluya la disonancia cognitiva hay que modificar una de las dos ideas en conflicto. O bien nuestra forma de pensar o bien nuestra acción. Posiblemente nuestra actitud responde a un mal hábito, como ocurre en el caso de fumar a pesar de que sabemos que es malo para nuestra salud.

Cambiar el pasado es imposible y romper con los hábitos cuesta, así que cambiamos las creencias. Por eso nos mentimos a nosotros mismos con la autojustificación de nuestros pensamientos y actos, para evitar sentirnos peor. Nos autoconvecemos con argumentos irracionales o mecanismos de negación: “no tuve más remedio”, “no es tan grave” o “todo el mundo lo hace”.

Lo importante es ser conscientes de cuándo lo utilizamos, para no caer en el autoengaño, la mentira y la crítica como algo cotidiano. Al justificarnos conseguimos reducir la ansiedad que nos provoca la situación, pero si bien en un principio nos alivia, después, cuando tomamos consciencia de ello, acabamos sintiéndonos mal y entramos de nuevo en el bucle de justificar nuestras propias contradicciones. Se trata de alivios temporales de la tensión pero no soluciones al problema.

Cómo solucionar las contradicciones sin caer en la autojustificación

Es normal ser contradictorios y es bueno saberlo, lo enfermizo es justificarlo y no generar nuevos procesos. Por el contrario, podemos detenernos a buscar una opción más duradera y mejor, la que más nos beneficie en el tiempo, aunque sea la que nos implique un esfuerzo mayor.

Es más honesto, incluso con nosotros mismos, aceptar nuestros errores y que nos equivocamos, que no somos infalibles ni perfectos. Así nos hacemos responsables también de las consecuencias de nuestros actos y tomaremos las medidas y determinaciones pertinentes para situaciones similares futuras.

Carmen Viejo, psicopedagoga, profesora de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) e investigadora de Comunidades de Aprendizaje y Desarrollo Comunitario, piensa que «los niños son consecuentes, pero el ver las incongruencias sociales les hace desfallecer».

Además, Viejo cree que «no actuamos por falta de cultura de lucha, por educación y por miedos». Para Carmen Viejo, cofundadora del proyecto Escuela de Liderazgo Creativo, «La lucha se educa, pero nos han tenido tan entretenidos en consumir que lo hemos olvidado, nos han cambiado el genoma a base de narcotizarnos con el consumo»

Es importante conocer el funcionamiento de nuestra mente, para así ser conscientes de ello y hacernos responsables de nuestros actos. Además podremos evitar ser víctimas de campañas de marketing, como la de “Disfruta tus contradicciones” de una conocida marca de tabaco, que a sabiendas de nuestras trampas mentales las usan para intentar manipularnos.