¿Cómo nos alimentaremos en el futuro?

El incremento de los precios de los alimentos y  una población en constante crecimiento ha llevado a muchos científicos y expertos a preocuparse por cómo nos alimentaremos en el futuro. ¿Qué alternativas se plantean? ¿Es posible alimentar a tanta gente de manera sostenible?

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), para el 2050 será necesario producir un 70% más de comida para alimentar  a los 9.000 millones de personas que poblarán la Tierra.

A continuación expongo algunas de las opciones ideadas para alimentar a tantas bocas. Cierto es, que a muchos nos pueden parecer extrañas e incluso repulsivas, pero tienen muchas posibilidades de convertirse en la dieta del futuro.

¡Una de grillos!

A la mayoría, la idea de comer insectos, nos puede resultar desagradable y repugnante, pero la verdad es que casi 2,5 millones de personas en el mundo los comen a diario, principalmente en África, Asia y América Latina.

La FAO asegura que existen más de 1700 especies de insectos comestibles, e incluso tiene un departamento dedicado a promover su consumo.

Los insectos son nutritivos. Tienes más proteínas y menos grasas que las carnes tradicionales. Respetan el medio ambiente, ya que generan menos gases de efecto invernadero que otros animales y su producción es ecológica y barata. Para generar 1 kilo de carne hacen falta 10 kilos de comida, con la misma cantidad se pueden criar 9 kilos de insectos. Y además el riesgo de que transmitan enfermedades es menor que en animales como el cerdo, ya que están demasiado lejos de nosotros en la cadena evolutiva.

Según el entomólogo holandés Marcel Dicke : “para alimentar con proteína animal a una población que crece tan rápido necesitamos aumentar en 70% la producción de ganado. Pero como el ganado actual ya requiere el 70% de toda la tierra que se destina a la agricultura,  se necesitaría otro planeta para contar con ese espacio. Pero si usáramos insectos como una fuente de proteína animal, podríamos lograrlo”.

Comida recién salida de la impresora

Otro proyecto, que parece sacado de una película de ciencia ficción, es el desarrollado por la empresa americana Modern Meadow. Se trata de una impresora tridimensional capaz de imprimir carne comestible sin necesidad de criar animales.  La compañía ha destinado más de 300 mil dólares para combinar la tecnología que hace posible la impresión tridimensional con las técnicas  utilizadas para el cultivo de tejido. Desde esta empresa aseguran que el producto final será totalmente comestible y aportará las mismas proteínas que la carne de verdad. ¿Será una máquina capaz de “crear” comida? De momento habrá que esperar, porque aún no han conseguido imprimir ni un triste filete.

Huertos verticales

En la actualidad, según datos de la FAO, más del 80% de la tierra apta para cultivo está en uso. A esto hay que añadirle que para el año 2050, casi el 80% de la población mundial vivirá en la ciudad. ¿Cómo se podrá abastecer de alimentos a una población que tiende cada vez más a concentrarse en los centros urbanos?

Dickson Despommier,  profesor de Microbiología de la Universidad de Columbia parece tener la respuesta. En su libro  “The Vertical Farm: Feeding the World in the 21st Cent” desarrolla la idea de los huertos verticales. “Situar nuestros sistemas agrícolas en edificios de gran altura en nuestras ciudades, dice Despommier, transformaría la forma en que se cultivan  las frutas, verduras, aves y el pescado, aliviando muchos de los graves problemas ambientales a los que nos enfrentamos actualmente”.

Las ventajas de estas construcciones agrícolas verticales no son pocas. Los cultivos pueden crecer las 24 horas del día, los 365 días del año. Se puede reutilizar el agua captada del ambiente interior. También pueden proporcionar empleo a los residentes locales y sobre todo permite la eliminación del uso de pesticidas, fertilizantes o herbicidas altamente contaminantes.

En  Singapur ya se ha implantado uno de estos huertos verticales, que ayudará a la ciudad a producir más alimentos a nivel local, reduciendo la dependencia de los productos importados. Esta nueva granja es capaz de producir una tonelada de verduras frescas todos los días, que más tarde se venderán en los supermercados locales.